Como hoy me he levantado un poco cansado, me limito a dejaros unos artículos. Y me vuelvo a leer Retorno a Brideshead, que lo han editado en formato de bolsillo. Y esta noche, a las 10, Crash, que me la han recomendado.
Esteban Hernández, buen autor de reportajes muy entretenidos que se publican en ElConfidencial y que producen docenas de comentarios. Aquí hay uno sobre la generación tapón que impide a los mejores ascender. ¡Y que luego me hablen de la superviviencia de los más aptos!
Nunca llegarás arriba porque los que mandan, gente acomodada, gris y antigua, ejercen de barrera. Nunca llegarás arriba porque tienen miedo a las innovaciones, al talento, a que les quites el puesto. En síntesis, esa es la situación en que, afirman los implicados, vive la Generación Tapón, supervivientes de la segunda fila que Manuel Duarte, ex becario, ex contratado temporal y estudiante de un nuevo posgrado define como «profesionales de la fontanería».
En España, señala de la Fuente «si alguien destaca en alguna faceta de su trabajo, lo normal es que sus jefes lo desplacen de forma sibilina para que no les cause problemas y para que no suponga un peligro para sus puestos. En otros países, como es el caso de Estados Unidos, al que destaca le aplauden y le recolocan para que sus habilidades vayan en consonancia con su puesto de trabajo».
Podríamos volver a poner el ejemplo de la prensa de pago expañola, donde los columnistas conspicuos superan la edad de jubilación y algunos que no llegan a ella, como Almudena Grandes y Susote de Toro, tienen problemas de equilibrio mental y de exceso de autoestima.
Gabriel Tortella, contra los tópicos sobre la crisis económica. Un catedrático de economía al que me gusta leer. En sus tribunas refuta las memeces publicadas en El País por los columnistas habituales:
A lo que quiero referirme ahora es a varios artículos aparecidos en estas páginas atribuyendo al sistema de mercado la responsabilidad y propugnando un reequilibrio en favor del sector público, es decir, recomendando que aumente la intervención del Estado en la economía para que no se vuelvan a producir catástrofes económicas del tamaño de la que estamos viviendo y sufriendo. Es cierto que los mercados financieros puede ser inestables y necesitan regulación; pero también es cierto que esa regulación ya existe en todos los países desarrollados desde hace mucho tiempo. El control y regulación de los mercados corresponde a varios ministerios.
Hecho auténtico que demuestra la estupidez que asola Expaña. Ocurrió en Jaén capital. Tomado del Embajador en el Infierno:
Tengo un amigo que es padre de familia. Ayer mismo lo despidieron de la empresa en que trabajaba. Su hijo está en Educación Primaria en un Colegio Público, donde hasta el conserje pega carteles del PSOE. Hoy mismo, al niño sus profesores lo disfrazaron de Euro (¡hay que tener imaginación para disfrazar a un niño de «Euro»!), con el propósito de engrosar una chirigota escolar que ha ideado uno de esos profesores. A la chiquillada la han disfrazado de mojiganga, para -según pone el periódico: «Reírse de la crisis». Mi amigo se ha enterado a destiempo. Ha montado en cólera. Demasiado tiene con haberse quedado en paro, como para que ahora -ese profesorado paniaguado de la Junta de Andalucía- le vista al niño de Euro, en un cínico ejercicio de risoterapia colectiva. «España se ha convertido en una gran masacarada» -me dice mi amigo. Sí. Mascarada es poco. Es el Circo de ZP, al que le crecen los enanos y los números rojos. Y, parece mentira, no le crece la Resistencia.
Y, por supuesto, Jon Juaristi:
Goldberg parte del abuso del término «fascista» por la izquierda contemporánea para desacreditar todo lo que le fastidia, y le contrapone un fino análisis de las políticas progresistas americanas, desde el New Deal hasta la canonización de lo políticamente correcto, demostrando su parentesco profundo con los fascismos históricos, pero reconoce que falta en el cuadro lo que permitiría hablar de reproducción fiel: la movilización paramilitar.
Un artículo sobre la crisis de principios… y no, no lo firma Juan Manuel de Prada.
Todo hace pensar, por el contrario, que la violencia doméstica (también la que, en menor medida, pero en una medida nada irrelevante -31 casos en el 2008- padecen los varones) es la peor, pero no la única, cara de una abierta crisis de valores, que ha determinado que la ética del respeto, la solidaridad, el trabajo y la responsabilidad hayan sido sustituida, en amplias capas de la población, por la brutalidad, el individualismo, la búsqueda del dinero fácil y la falta de decencia. Ya sé que está más de moda hablar de machismo que de crisis de valores, pero eso es también, sin duda, parte del problema.
Carlos Ruiz Miguel, en su blog de PD presenta un análisis sobre el carácter antidemodrático y oligárquico de la UE:
Imaginémonos un país donde un grupo de dirigentes nombra el gobierno. Además, ese grupo de dirigentes tiene la exclusiva para aprobar determinadas leyes. Para algunos asuntos hay un Parlamento pero sin la aceptación de ese grupo de dirigentes no puede aprobar ni una sola ley. Ese grupo de dirigentes nombra a los jueces. Hay además varias decisiones de ese grupo de dirigentes que no pueden ser anuladas ni por los jueces (que ellos nombraron) ni por el Parlamento.
El lector dirá si para él esto es o no una dictadura. Pero al lector le digo: ese es el modelo político de la Unión Europea.
