Julio está siendo un mes verdaderamente difícil para Mariano Rajoy y para la dirección del PP. Tras los momentos dulces de gallegas y europeas, el costurón interno abierto por el Caso Gurtel, les ha impedido explotar en mayor medida ese indudable éxito y tener que volver a ponerse a la defensiva. Lo peor, políticamente hablando, está siendo lo de Camps. Porque con lo otro, lo de Barcenas y la ristra madrileña ya contaban, pero que el juez instructor no archivara el caso del valenciano y se sacara ese artículo del código penal para realizar una imputación tan peculiar como dolorosa ha supuesto una mala sorpresa.
Mariano Rajoy sabe que tiene que tener ambos asuntos zanjados antes de agosto. El gallego mide los tiempos, pero es consciente de que ahora cada día se le pudren un poco más. Lo que tiene muy claro es que no puede volver en septiembre con estos asuntos coleando si quiere de verdad hacer la oposición contundente que exige el momento político y hasta su propio partido . Y para estar limpio en otoño tiene que dejar la cosa finiquitada en julio. Lo sabe.
La suerte de Barcenas está echada . O se va, que es lo que espera el líder popular que haga de una vez o no le quedara más remedio que cesarlo, algo que en no pocas opiniones debió hacer ya hace tiempo.
Otra cosa es Camps. La imputación penal es ridícula. Pero el daño de imagen es atroz. En el fondo no es el huevo, cuatro trajes, sino el fuero. ¿Le regalaron esos trajes o no?. ¿Ha mentido o ha dicho la verdad?. Esa es la clave política del asunto y ahí es donde se critica crecientemente la indudable torpeza con la que el presidente valenciano ha operado en todo este asunto. Algo que le reprochan hasta sus más cercanos y he oido expresar con claridad a otros presidentes autonómicos de su partido. Camps tiene, sin embargo, una oportunidad. Si su recurso prospera, y puede prosperar porque la imputación y el asidero son verdaderamente endebles, no hay duda de que continuara al frente de la Generalitat Valenciana . Es lo que desea y en lo que confía Rajoy y en esa clave estuvo su defensa del martes ayer.
Pero si hay definitiva imputación y juicio ya la cosa se pone en verdad complicada y no parece ni que Camps pueda aguantar eso ni que el PP en su conjunto pueda tampoco soportarlo. Aunque sobre aguantes y resistencias mejor no hacer apuestas. La logica, sin embargo, es que si se señala juicio y encima con un jurado popular, Camps puede decidir que lo mejor es dejar su “reino”. Aunque lo haya perdido por cuatro trajes y un par de zapatos.
