La Marea de Pérez Henares

La mano del hombre y los dientes del choto

Dicen los viejos que el monte se quema mucho más ahora a pesar de tantísima máquina para acudir y apagar fuegos y hasta aviones que tiran agua. Y la estadística va y les da la razón a los abuelos. Resulta que a pesar de tantos medios, de tanta ingeniería, de tanto vehículo, de tanta vigilancia y retenes, de tanto hidroavión, de tanta campaña en la tele y hasta de una unidad motorizada del ejercito el fuego nos hace mucho más daño del que nos hacia.

A los viejos del pueblo la cosa esa del cambio climático como causa general de todas la penurias de la humanidad como que no les convence demasiado. Para ellos la cosa está mayormente en que lo que falta es mano humana labradora y ganadera y dientes voraces de chota. Que eso es de lo que dicen que está necesitado el campo y el monte y que de ahí viene que arda por los cuatro costados.

Y no se si la estadística tiene aquí también respuesta pero el sentido común dice que van a volver a tener razón los abuelos.

La percepción urbanita del campo-postal, ocio bucólico para el fin de semana o vacaciones estivales, y el campesinado circunscrito a un papel de figurantes en el paisaje y cuidadores de la casa rural queda muy bien para los reportajes pero oculta la penosa realidad del medio agrario: poblaciones envejecidas, el ser humano como especie en verdadero peligro de extinción en ese habitat, abandono de cultivos, descuido de labores y de tareas de limpieza de zonas boscosas. Abandono a veces forzoso por una burocracia multiplicada que convierte al agricultor-ganadero en presunto delincuente a quien se fiscaliza hasta si corta una rama o si desbroza un camino. El labrador tiene que pedir permiso a la burocracia autonómica y sus agentes uniformados hasta para ir a hacer del cuerpo. No hay propiedad privada menos propiedad privada que la agraria que acaba pareciendo que es de todos menos de su propietario o al menos es el propietario el que menos capacidad de decisión parece tener sobre ella.

La mano del hombre ha cuidado y modelado este territorio que hoy sigue bajo su mermada vigilancia y actividad. Hay cada vez menos gentes activas en los campos. Pero todavía hay menos ganados porque no hay quien en verdad escoja como vocación la de pastor. Quizás si se pusieran de moda y una top-model o una de esas divas de la canción o el cine se enamorara de uno pues a lo mejor la cosa cogía copero y aumentaban las solicitudes. Pero esta señoritas no suelen enamorarse, ¡que curioso!, nunca jamás de un pastor de cabras. Y es que su amor es de los listos y es por algo. Les ponen más los futbolistas que los que practican ese trabajo esclavo, duro, con el que no se sale de pobre y que no tiene vacaciones ni domingos siquiera, que ovejas, vacas y cabras no guardan fiesta ninguna, las muy ateas y antisindicales. El resultado es que la ganadería, con los piensos por las nubes, es una ruina y los campos pierden reses a millones. Y a este paso es que no queda ni cabra ni oveja ni caballo ni ternera.

Y eran esos dientes, esos millones de dientes de choto, los que mejor limpiaban los bosques, matorrales y campos de pan llevar de las España. Esos si que eran buenos retenes y apagaban los fuegos en invierno. Porque es verdad que los fuegos se apagan en invierno, y antes, con políticas forestales racionales y de esas que metan yesca de eucalipto o resina de pino para ayudar a la llama, pero también se apagan en verano, cuando empiezan y llegando cuanto antes. Y ahí el ojo del labrador y la mirada del pastor era la cercana, la inmediata, la que a veces, sofocaba la lumbre antes de que cogiera cuerpo y dejaba asfixiada la fogata de un par de tamarazos. Antes, a lo mejor, llegaban que llega ahora el helicóptero.

P.D Claro que tampoco parecía haber, me dicen también los viejos, tantísimo H.de P. con el mechero y la gasolina presto a meter candela al monte por siete sitios a la vez, en el peor día de aire y sofoco.

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Autor

Antonio Pérez Henares

Ejerce el periodismo desde los 18 años, cuando se incorporó al diario Pueblo. Ha trabajado después en publicaciones como Mundo Obrero, Tiempo, El Globo o medios radiofónicos como la cadena SER. En 1989 entró al equipo directivo del semanario Tribuna, del que fue director entre 1996 y 1999. De 2000 a 2007 coordinó las ediciones especiales del diario La Razón, de donde pasó al grupo Negocio, que dirigió hasta enero de 2012. Tras ello pasó a ocupar el puesto de director de publicaciones de PROMECAL, editora de más de una docena de periódicos autonómicos de Castilla y León y Castilla-La Mancha.

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