El caso Gürtel es un muladar maloliente. Pero como corresponde al pelaje de sus protagonistas, untado de brillantina y empapado de colonias caras. Si alguna imagen puede definirlo mejor que ninguna otra, en su estética, su escenografía y pretensiones, esa es el desfile, con pretensiones de corte y realengo, de la boda en el Escorial de la hija de Aznar. Si alguna vez se ha visualizado a esa tropa en lo que era y lo que intentaba ser es allí. Si en alguna ocasión la expresión “derechona” ha podido aplicarse con rigor es a ese entramado de escarabajos peloteros que transitaban por los corredores, alfombras, despachos e intimidades del poder. Una derechona que no era la de “toda la vida” decimonónica ni siquiera tardofranquista sino emergente, oportunista y buscavidas con el objetivo esencial del pelotazo, del trinque, de llevárselo crudo y luego exhibirlo como trofeo en forma de yates, coches, “pelucos” y , por lo que se lee, hasta fulanas. Hasta en el trinque y en la corrupción hay estilo y este es, por muchos untes y afeites de que se adornen y que más bien los redefinen, es el de la caspa y la procacidad más repulsiva.
Esta gentuza, presunta siempre, siempre presunta, vivió años dorados que se sitúan muy claramente en la época de los último años de poder absoluto del PP. Parece demostrado que nada más asumir su cargo y su derrota lo que hizo el nuevo dirigente, Mariano Rajoy, fue intentar quitárselos de encima. Que a la vista esta que del todo no pudo porque ellos buscaron resquicios y compadreos para seguir aferrados a la teta y a otros poderes que al partido le quedaban en comunidades y ayuntamientos. Y para seguir actuando hicieron lo de siempre: untar, corromper, cabildear y enredar a todo el que se dejó y manchando incluso por cercanía a quienes eran ajenos pero cercanos, no participantes en los enjuagues pero que con su mirada hacia otro lado dejaron hacer.
Está claro que cargos y dirigentes del PP han sido parte del círculo, bien como agasajados membrillos, beneficiarios de la rapiña o hasta colegas en el reparto del botín. Hay diversos grados y diversa habrá de ser la forma de tratarlos.
Para los delitos probados está la ley y todo su peso que habrá de caer sobre los autores. Eso ya es cosa de la fiscalía, de los jueces y del sistema penitenciario. Pero para los que no llegaron a más, que es mucho y malo, que a la amistad “peligrosa” y necesaria, también es necesario sino una condena judicial si una condena política. Porque esas gentes no pueden seguir en la política. Por decencia y por higiene.
El Partido Popular, en realidad, no lo tiene tan difícil. Se trata de tener la voluntad política y el cuajo de hacer lo que tenían que haber hecho ya hace bastante tiempo. Lo que ha hecho, por ejemplo, Esperanza Aguirre que ha sabido en este asunto ser eficaz y contundente. El presidente nacional tiene otros tiempos y otras andaduras, pero ya empieza a ser muy tarde, quizás ayer ya lo era, para tomar una decisión no sólo inevitable sino absolutamente necesaria. Por su propio bien y el de su partido ya no cabe más demora para una operación quirúrgica, sin gasitas ni siquiera anestesias, que amen de no desgastarle, el desgaste lo está sufriendo ahora, lo liberaría definitivamente de lo que parece que no acaba nunca de librarse del todo. La pandilla al banquillo y a la cárcel. A los amigos, amiguitos y amigotes un helado, enérgico y potente chorro de limpia agua helada sobre toda la brillantina del muladar y les ponga con los pelos en la calle. Y a Camps darle a elegir, de una vez por todas, entre dos posiciones, que le ayude a sujetar manguera oque se ponga delante del chorro.
P.D. Del doble rasero de la fiscalía, de la utilización, de las filtraciones y demás abusos hablamos otro día como hemos hablado en anteriores. Pero los hechos no pueden dejar de contemplarse con la excusa de que se exhiben torticeramente.
