La Marea de Pérez Henares

¡Que dimita Mariano Rajoy!

Desde ciertos ambientes-no llegan ni a sectores- más que del PP del extrarradio de su derecha mas agraz y, sobre todo, desde enconados poderes fácticos mediáticos que fracasaron en su empeño de teledirigir y entrenar al partido desde radios y columnas no ha pasado un solo día desde hace ya muchos años en que, con grandes alharacas si había una excusa y emboscados en sordina si no había más remedio que callar, no hayan estado con la cantinela en la boca, la pegantita en el articulo y la pancarta en el micrófono: ¡que dimita Mariano Rajoy!.

No fueron capaces ni de presentar un candidato alternativo, ni siquiera una candidata a la que jalearon y empujaron y ella dejándose empujar se causó tal vez un daño irreparable dando marcha atrás a algo que se había atrevido a dar nunca marcha adelante. No fueron capaces ni de presentar a un Costa. Pero hicieron de la necesidad virtud señalando la poca altura democrática de una victoria sin rivales. Las cuentas, calendario electoral en mano, estaban echadas, y la decisión tomada. ¡Mariano Rajoy debía dimitir!.

Debía dimitir la tarde misma de las elecciones gallegas en las que el PP no iba a sacar mayoría absoluta, ni a recuperar Galicia, algo que le era personalmente achacable. Cuando ganaron y por dos-aunque las sacas venezolanas les quitaran luego uno- era evidente claro que Rajoy nada había tenido con el asunto. ¡Que dimita Mariano!.

Y cuando a pesar de los augurios y de los esforzados apoyos a quien pudiera arañar o perder un voto en el País Vasco, de los ninguneos a Basagoiti y las diarias “flores a Maria”, los populares no sólo aguantaban dignamente sino que se convertían en clave y llave(por supuesto que utilizada) para derribar del poder al PNV , nada de ello sumaba en el habe de don Mariano ¡Que dimita Rajoy!

Llegaron las europeas. Las perdía. Sacaría cuatro la Diez, y entrarían al parlamento la extrema derecha de Alternativa Española y el revoltijo de Libertas. Hubo sms y los post inundaron televisiones montaraces, blogs afines y no afines, a razón de centenares por cabeza, de la enfebrecida tropa. Doña Rosa, con sus méritos, obtuvo un eurodiputado. Los outsider se quedaron el uno en 23.000 votos y el otro en 19.000. Para tirar cohetes. Gano el PP. Pero cuatro puntos escasos no era nada. Tenía que haberle sacado diez al PSOE. ¡Que dimita Rajoy!

Y llega el Gurtel. La dirección actual es quien largó a la cuadrilla-muladar de Genova. ¿O es que Correa y su troupe de pijerio casposo, derechón y engominado es en su boda en la que estuvo? ¿No es la foto suya la que aparece en aquel desfile que quería ser de realengo y se quedó en oropel de los fastos del enlace de la hija del ahora enmelenado expresidente que parece seguir enfadado con el mundo y con nosotros por haber ennegrecido de soberbia y prepotencia personal años de magnifico gobierno para España?

¿Es tal vez Rajoy quien se fue a probar trajes? ¿Es Mariano que llama amiguito del alma a un tal Bigotes? ¿Es este señor gallego quien melifluamente cabildea para que el susodicho interceda ante su jefe y le haga consejero? ¿Es el presidente del PP quien ha confiese sentirse avergonzado de lo hablado y ahora reconocido como propio al verlo escrito negro sobre blanco?. No. No es él , en absoluto . Ni es quien nombró consejero en Madrid a quien ya venía señalado, aunque con cirugía precisa y eficaz la nombradota ha sabido pasar mejor que nadie la escoba, como hubo de pasarla, eso si, el propio presidente en Genova al descubrir que podía haberse dejado un gato en la tesorería.
Pero todo esto a que conduce en reflexión: ¡A que dimita Mariano Rajoy!

Un día porque no actúa debido a su carácter timorato y cobardón y, en horas 24, a que deba hacerlo porque tras actuar con contundencia y decisión, es un tipo autoritario y vengativo. Un día se airean las vergüenzas de compañías y trafullas que en un cargo político, más allá de imputaciones judiciales, no se puede ni ética ni estéticamente tolerar y al siguiente se defiende al señorito porque tras reconocer avergonzado sus acciones no actúa en consecuencia sino que pretende mantenerse en todo y encima salir cacareando. Conclusión del vodevil: solo hay una ¡que dimita Rajoy!

Y cuando a pesar del carajal en que se meten sargentos y hasta barones de los que se fió y puso la mano y desde el martes 13 ya no se fía ni va a dejar tentársela; a pesar del ensordecedor estruendo que no cesa y que impide que oiga voz razonable y opositora y ser entonces acusado de silente por quienes la tapan y son precisamente los que le tienen montada cada vez que habla una bazucada, y cuando a pesar de que no tiene en los altavoces ni perrito que le ladre, ya que se jalea con entusiasmo al presidente por su valentía sin par al cambiar de valido mediático y apartar de su siniestra mano al Conde Duque de Olivares, don Juanli de la Prisa, y haber concedido sus favores al Duque de Lerma, don Roures de la Sexta, resulta que encuesta tras encuesta el PP se pone por delante entre 3, 4 o 6 puntos. Pues nada. Que miseria, que fiasco. Eso es un fracaso estrepitoso con un culpable absoluto. Y con una única solución: que dimita Mariano Rajoy.

Pues nada, ¿como no apuntarme?. Me apunto y que dimita dadas tan contundentes y objetivas razones. Pero no antes de decir que si la persona siempre me ha inspirado simpatía, es rara avis la sorna, la prudencia y la templanza en nuestra clase política, resulta que empiezo a sentir una creciente solidaridad –palabra bendecida por ZP y Obama- por el propio personaje. Tal vez porque no puede uno menos de ver lo que gana comparado con la rehala que le ladra.

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Autor

Antonio Pérez Henares

Ejerce el periodismo desde los 18 años, cuando se incorporó al diario Pueblo. Ha trabajado después en publicaciones como Mundo Obrero, Tiempo, El Globo o medios radiofónicos como la cadena SER. En 1989 entró al equipo directivo del semanario Tribuna, del que fue director entre 1996 y 1999. De 2000 a 2007 coordinó las ediciones especiales del diario La Razón, de donde pasó al grupo Negocio, que dirigió hasta enero de 2012. Tras ello pasó a ocupar el puesto de director de publicaciones de PROMECAL, editora de más de una docena de periódicos autonómicos de Castilla y León y Castilla-La Mancha.

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