La Marea de Pérez Henares

El sueño del «Lord»

De joven soñaba con las liebres. Movía, durmiendo, las patas como si estuviera en una carrera frenética. No era un galgo, que era bretón pero si la liebre llevaba perdigones, aunque fuera uno, acaba por traerla. Ahora el “Lord” , bajo la sabina redonda, en medio de la costera, enfrentanda al amanecer de los bosques, sueña que vuelve y vuelve en sueños.

Vuelve a bajar al trote, sin el dolor de la vejez, hasta la cabaña de madera y se llega hasta el porche que se abre hacia las sierras de Altomira, donde su compañero de tantos años está sentado en el crepúsculo y apoya la noble cabeza de ojos generosos en su pierna esperando la caricia que no tarda. Y allí se queda. Mira hacia ella, quien le cuido siempre y le salvó la vida cuando la enfermedad lo acechó hasta dejarle sin fuerzas. Contempla también al “nieto” que no es de sangre, pero si de afecto, al pequeño bretón, con quien compartió sus últimos , al “Mowgli” que lo observa, gitanillo, con cierto estupor.

Se queda un rato con los tres. El tiempo de decirles que fue feliz en la dulce tierra con ellos y que ahora el tiene que regresar a dormir bajo la sabina. Que eso sí, que le gusta que, en los atardeceres y hasta algún día en medio del temporal de nieve, él suba, corte una ramita de romero y la ponga tras la lasca de pizarra. Y que se siente allí a su lado y busque su compañía, que siga contándole sus secretos, sus alegrías y sus penas. Que el siempre lo entiende y lo perdona.
Que le gusta que le lea el libro que han escrito. Pero que no sean los capítulos finales, los de su ocaso y de su muerte. Que le lea aquellos de cachorro, aquellos en siendo un gozquecillo se tiró al río Henares, aquellos cruces a nado de las calas menorquinas, aquella aventura amorosa en El Cerrillar y sobre todo, aquellos primeros y hermosos lances detrás de las perdices por los Yesares de Bujalaro. Que le cuente como soñaba con las liebres. Que le recuerde el día que salvaron aquel corderillo recién nacido en las alcarrias o aquella anochecida cuando rescataron a los dos bretoncillos de apenas unos meses que estaban perdidos por la fuente del Zancajo, ya casi muertos de hambre y con la cellisca y el hielo amenazándolos.

Quiere decirle en sueños que es inmortal. Que al menos lo será en lo que quede su mortal memoria. Que fue su perro y su amigo. Que él en otras cosas de la vida y en otros amores y amistades habrá sido alguna vez desleal y se habrá tenido que avergonzar de serlo, pero que con él fue siempre un fiel compañero. Que por eso le está agradecido y que ahora, más que nunca le gustaría acompañarle, y aunque sólo en eso pueda, le acompañara en los sueños. Y que quiere ayudarle a recuperar los suyos. Porque siente, más allá de lo que el ojo humano detecta, que tal vez él los haya perdido.

P.D. Acabo de publicar su libro “El diario del perro Lord” en la editorial La Trebere. Es mi homenaje a quien fue mi más leal compañero.

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Autor

Antonio Pérez Henares

Ejerce el periodismo desde los 18 años, cuando se incorporó al diario Pueblo. Ha trabajado después en publicaciones como Mundo Obrero, Tiempo, El Globo o medios radiofónicos como la cadena SER. En 1989 entró al equipo directivo del semanario Tribuna, del que fue director entre 1996 y 1999. De 2000 a 2007 coordinó las ediciones especiales del diario La Razón, de donde pasó al grupo Negocio, que dirigió hasta enero de 2012. Tras ello pasó a ocupar el puesto de director de publicaciones de PROMECAL, editora de más de una docena de periódicos autonómicos de Castilla y León y Castilla-La Mancha.

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