La Marea de Pérez Henares

Llegan los emigrantes alados


Llega el grueso de las tropas africanas. Aparecen en los cielos los vencejos . No se les oye ahora tanto como va a sentírseles luego en verano cuando sus escuadrillas con sus agudos y alegres chillidos les den pasadas inverosímiles a los aleros de las casas, pero ya comienza a notarse su presencia. Harán nido y será entonces tan solo cuando el raudo y negro pajarillo ponga sus patas en firme, aunque no en el suelo. Porque los vencejos no se posan jamás. Pasan su vida en el aire. Allí atrapan los insectos de que se alimentan, beben dando raudas pasadas sobre la superficie de las aguas, rozando el liquido tan solo con el pico y hasta duermen suspendidos en los cielos. Los vencejos descansan así, suben con las térmicas y allá arriba, se dejan mecer, dando círculos, acunados por los vientos. Para el vencejo caer a tierra significa la muerte, a no ser que encuentre un pequeño desmonte que le permita levantar el vuelo, ya que sus alas, larguisimas en comparación con las patas, se lo impiden.
Junto a los vencejos ha llegado un tropel de alas pero también de cánticos. A un visitante, de pardo pelaje apenas si se le ve, pero los sotos empiezan a disfrutar de sus reclamos. Ha llegado el ruiseñor y vibra el aire.

Y han llegado los multicolores abejarucos que aunque anidan en los terraplenes arenosos de los ríos son visibles en el extrarradio de la ciudad ares y muy notorio el griterío de su bandada. Otro sonido que se comienza a escuchar por el retiro, por la casa de campo, por la dehesa de la Villa, por el parque del Oeste es el del cuco común. Reclaman para atraer pareja y las urracas y otros pájaros debieran temblar ante el sonido. El cuco les pondra el huevo en su nido, su pollo arrojara de el , y matará por tanto a los verdaderos hijos recién nacidos, y los padres adoptivos, incapaces de no seguir el instinto reflejo alimentaran y criaran al invasor.
No tardará en haber polluelos en los nidos, sobre todo de los pequeños y medianos residentes. Pontro abriran el pico amarillo las nidadas de los mirlos reclamando lombrices a sus progenitores y los mas tempraneros de los gorriones nuevos estarán «escapados» dentro de un par de semanas y por las ramas de de los arboles donde sus padres aún les seguirán alimentando por unos días, hasta que aprendan a manejar un poco mejor sus alas y dar algo mas que torpes vuelos.

Tempraneros, aún este año, como todo, más tardío, para salir del nido cogidos al refugio de las tejas de los edificios, serán tambien los primeros estorninos del año.

Las urracas , parasitadas por los cucos, ejercen a su vez su predación sobre nidos de otros pájaros. Les quitan los huevos y hasta algún polluelo recién nacido. Las tórtolas turcas entran en ruidosas disputas con ellas. Con las palomas, en especial con las torcaces ya no se atreven.

Los gatos se empiezan a poner las botas.

P.D. El herrerillo no es «turista» sino residente fijo en mi pequeño jardín

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Autor

Antonio Pérez Henares

Ejerce el periodismo desde los 18 años, cuando se incorporó al diario Pueblo. Ha trabajado después en publicaciones como Mundo Obrero, Tiempo, El Globo o medios radiofónicos como la cadena SER. En 1989 entró al equipo directivo del semanario Tribuna, del que fue director entre 1996 y 1999. De 2000 a 2007 coordinó las ediciones especiales del diario La Razón, de donde pasó al grupo Negocio, que dirigió hasta enero de 2012. Tras ello pasó a ocupar el puesto de director de publicaciones de PROMECAL, editora de más de una docena de periódicos autonómicos de Castilla y León y Castilla-La Mancha.

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