La Marea de Pérez Henares

Campeonato de pasmos

En mi provincia de Guadalajara todos los inviernos los pueblos echan una competición de pasmos que es muy enfervorizadamente seguida por el paisanaje. La batalla más enconada suele darse entre las sierras del norte, la de Ayllón o la Pela, y el Alto Tajo. Y uno como tiene gusto por viajar algo a trasmano y fuera de circuitos y fechas señaladas se decidió por ir a verla en directo. De paso me libré de los controladores.

La cosa fue empezar por Jadraque donde tenía que presentar mi novela “La mirada del lobo” (por cierto el 14 la presento en Toledo, en el ayuntamiento y a las ocho por si alguien pica) y para llegar, cielo azul y sol en el cielo, hielo en la tierra, me di una vuelta por Hita, el valle del Badiel, pisé la nieve en las alcarrias de Miralrio y con solo mirar al fondo ya supe donde me esperaba el pasmo serio.

Con toda su orgullosa y blanca belleza el Ocejón, señoreando las montañas, llamaba al fondo de los valles del Henares y el Bornova, que con él viene a juntarse, los dos caminando entre choperas, ahora desnudas . Paré por mi Bujalaro natal, claro. Y allí ya fui informado. Iban ganando Galve y Cantalojas con alrededor de –14. La noche después de la manta de nieve caída los días anteriores había sido rasa, con las estrellas destilando hielo por cada una de sus puntas.
De Jadraque a Hiendelaencina (Las Minas que les llamamos por haber sido las más famosas de la plata) los faros del coche iban deslumbrando corzos que se destacaban en los campos albos. Lobos, aunque haberlos ya “haylos” ni se dejan ver ni se anuncian siquiera con aullidos. La pisada estos días, más que ninguno, los delatan. La vida se escribe en el virgen y albo manto. Y a veces también la muerte deja su rastro.
Pero había cedido algo el frío. Estaba nublado. Por la mañana la nubes seguían cubriendo el cielo pero no se decidían. Yo si, y reconfortado por el buen hacer cocinero del Sabores, me tiré hacía el Bornova.

Lo crucé por donde se puede, por el molino al fondo del cañón. Hasta ahí bien, han arreglado las carreteras, y hasta Bustares. Luego fue peliagudo. En el cruce por la falda del Alto Rey y hasta los Condemios, la pista era de patinaje en las umbrias.

Pero llegué a Albendiego para ver la maravillosa iglesia románico-templaria de Santa Coloma y a Somolinos para asomarme a la laguna.

Atienza merece más de un día pero siempre, aunque se vaya de paso, hay que echarle una hora, y otro tanto a Sigüenza.

Claro que uno quería acabar donde le gusta. Asomado al cañón del río Dulce en su inicio en Peregrina, donde filmaba Félix, y luego a sus aguas cristalinas, bajo los cantiles de Aragosa.

Cuando llegué a Madrid empezó a llover a cántaros y a inundarse Ecija. Entonces me dí cuenta que en realidad yo había hecho un viaje a mis novelas de glaciación y prehistoria. Porque claro que subí por la costera nevada de “mi” cueva de Nublares y acabé soñando con la leyenda de la Garza, la sacerdotisa de la Diosa. Que así llamé un día, ¡que cosas tiene el recuerdo! a una ecijana.
Ah! El campeonato lo va ahora ganando el Alto Tajo. Peralejos de las Truchas ya ha marcado –18. Pero esto no ha hecho más que empezar. ¡Pues nada que no queda invierno!

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Autor

Antonio Pérez Henares

Ejerce el periodismo desde los 18 años, cuando se incorporó al diario Pueblo. Ha trabajado después en publicaciones como Mundo Obrero, Tiempo, El Globo o medios radiofónicos como la cadena SER. En 1989 entró al equipo directivo del semanario Tribuna, del que fue director entre 1996 y 1999. De 2000 a 2007 coordinó las ediciones especiales del diario La Razón, de donde pasó al grupo Negocio, que dirigió hasta enero de 2012. Tras ello pasó a ocupar el puesto de director de publicaciones de PROMECAL, editora de más de una docena de periódicos autonómicos de Castilla y León y Castilla-La Mancha.

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