El diario de la calle Serrano, que ya no está en la calle Serrano, por fin ha encontrado una buena solución para su última.
En estas fechas de cambios en la prensa, que seguramente acaben con varias cabeceras cerradas, el ABC por fin parece haber encontrado una fórmula para llenar su última, que antes dedicaba exclusivamente a la publicidad. Durante unos meses trató de imitar la entrevista de La Contra, de La Vanguardia. Y ahora imita a El País, con una noticia y una columna.
El elegido para la última es Ignacio Ruiz Quintano, en mi opinión uno de los columnistas más entretenidos, irónicos, cultos y desacomplejados del periodismo español y, además, lector de este blog. Hace tiempo me preguntaba por qué sus jefes lo habían encerrado en la sección de Madrid. Me alegro de que lo hayan sacado de ella. A ver si el ABC continúa con la renovación de sus firmas de opinión, que algunas de ellas parecen del Frente de Juventudes (Monárquicas o Republicanas): Mingote, Manuel Martín Ferrand, José María Carrascal, Máximo, Curri Valenzuela… (En serio, ¿habrá algún lector que pague por leer a Martín Ferrand? Yo prefiero las esquelas.)
Mucha suerte para Ruiz Quintano, que ahora está zumbando al supermercado ARCO como El Roto en El País. Os dejo una de sus últimas columnas sobre el aborto, ese tema que para la sociedad burguesa de hoy es de tan mal gusto como antes lo eran el hambre de los pobres, la justicia social, la revolución pendiente…
No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el aborto.
Pero con la crisis arrecian las noticias de personas que se quitan la vida al caer en el paro, y este estupor del suicidio nos estremece más que el del aborto, sólo porque Camus dijo que no había más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio.
Cuando Camus, el aborto como conquista política sólo estaba al alcance de la vanguardia nazi, para escándalo de un socialista más agudo que Elena Valenciano, Largo Caballero, personaje, según Madariaga, biológicamente católico, pues tenía toda su esperanza en el Santo Advenimiento: la Revolución social, para unos, y para otros, un fajín de general.
–El nacionalsocialismo da más importancia a las cosas que a los hombres –escribe Largo, mirando a Alemania–. Es la mentalidad del salvaje que mata a los niños y a los ancianos porque estorban. Eso, aunque se tengan muchos museos y bibliotecas, es de salvajes.
El aborto, en efecto, es el único problema filosófico verdaderamente serio, pero, de las dos clases de filósofos que existen (pontífices a lo Hegel y artesanos a lo Wittgenstein), aquí sólo se han ocupado de ello los artesanos. Esa Bibiana Aído que dice que «abortar es como ponerse tetas», o ese Chomin Ziluaga, líder batasuno que triunfó como profesor de la UPV y que, citado por Santiago González, dijo a sus discípulos:
–En HB somos partidarios del aborto porque cada año lo hacen clandestinamente en Euskadi 3.000 mujeres en condiciones tales que peligra no sólo la vida de la madre, sino también la de la criatura.
Y ya de paso, Juan Manuel de Prada, otra de las plumas de ABC que merecen la pena:
si las festividades religiosas se las carga un gobierno de izquierdas, hemos de presumir que su propósito es descristianizar la sociedad; en cambio, si quien se las carga es un gobierno de derechas, hemos de presumir que su propósito es «racionalizar el calendario laboral y reactivar la economía».
¡A bloquear la centralita de ABC! Pero esta vez de verdad y no porque lo diga el señor director.
CODA: Una tarde en el ropero de una parroquia de Móstoles. ¡Y los rogelios quieren quitar fondos a la Iglesia católica!
