La Marea de Pérez Henares

El peor error, o algo peor que un error, del PP

Montoro, que no es Demóstenes ni está ahí por eso, defendía con coraje unos presupuestos de hierro y hasta acuclillaba a un Rubalcaba preso de la mentira de los 26.500 millones más de déficit. Exhibía Rajoy músculo de mayoría absoluta para sacudirse el perpetuo dogal nacionalista de arrancar tajada -que luego todos reclaman- alquilando un rato el voto. Era miércoles. Y hasta subía la bolsa. Luego llegó el jueves y la normalidad de la ventisca y el pedrisco que desde hace años nos azota. Prima de riesgo arriba, bolsa abajo, S&P degradándonos otros dos escalones como antesala de otra EPA aterradora: 5.639.500 parados, el 24,44% de los que 365.900 son ya de Rajoy, son los nuevos de este primer trimestre de su gobierno. Y de postre al rey lo tenían que operar otra vez de la cadera por ponerse a hacer audiencias antes de tiempo.

Y todo era malo, claro, y nos pesaba y deprimía nuestro animo, que encima han eliminado al Madrid y al Barça y solo tienen un alivio los Atléticos. Pero hasta puede decirse que nos vamos haciendo a esas cargas y a esos malos augurios que se suceden por todos lados, que si la recesión será aun peor que lo esperado según profetizan los expertos de bancos y cajas, reclamando de paso más dinero publico para sus agujeros, que si no será hasta el 2013 cuando crezca el PIB y en una miseria del 0,2% y que hasta el 14 no se creará empleo. Pues bueno, pues ya veremos como aguantamos que otro remedio no nos queda.

Pero dignidad, corazón y memoria aún tenemos. Y eso fue lo que ofendió un ministro de Interior llamado Jorge Fernández al anunciar en un canutazo mal perpetrado, aún peor expuesto y explicado, con mirada huidiza y baja, nada más ni nada menos que un plan de reinserción de etarras. Torpe fue lo que dijo pero aún fue mucho peor la duda, la zozobra sembrada. ¿Qué era aquello? ¿A que venía? ¿Por qué esas contemplaciones, esa ofrenda para aplacar a los etarras? ¿A cuento de qué? ¿En busca de qué? Era algo así como que si proclamaban su renuncia a la violencia y ruptura formal con la banda y sin tener siquiera que pedir perdón ni resarcir a las víctimas se les darían unos cursillos (¿de cristiandad, de fraternidad humana, de educación para la ciudadanía?) y se les (¿agruparía, acercaría, beneficiaría?) reinsertaría.
No había un documento, no había otra cosa que la roma y borrosa explicación del ministro, no se sabía a qué atenerse pero todo olía a fango. ¿Porque de eso nada se había hablado con las víctimas del terrorismo en las últimas reuniones? En que, concretamente, punto a punto y condición a condición consiste el plan, donde está escrito, cuales son sus objetivos. Dicen los optimistas que busca dividir a ETA. Aplauden alborozados, y jaleados por todos los defensores de los planes de paz zapateriles, probildus, y apaciguadores profesionales de profesionales, Patxi López, Elena Valenciano y el nacionalista Urkullu que ha insultado a toda la democracia , a todos los demócratas y a todos las víctimas de ETA agrupando guerra civil, dictadura y democracia en 75 años de guerra y bombas como si de la misma cosa se tratara y fueran los de ETA la mas preclara continuación de sus gudaris que por cierto se rindieron y pactaron, traicionado a la República, a los valerosos fascistas italianos que venían de protagonizar la heroica gesta de la estampida en Guadalajara. Aplauden ellos y se sume en la perplejidad, la inquietud, la zozobra y el dolor no solo las víctimas directas sino tanta, tantísima gente que ha creído y quiere creer en la justicia y que espera y exige la simple justicia de que los criminales cumplan sus condenas y sean castigados por sus crímenes.

Fue tal la congoja que hubo de salir el presidente y comprometer una vez más y por tres veces que no había variación en su política, que «no habría beneficio penitenciario alguno». Y yo y muchos queremos creer a Rajoy. Pero entonces ¿cual es el plan de Fernández?
Lo único cierto es que ha hecho un daño terrible. Ha afectado a la entraña y a la médula de los principios de mucha gente, ante todo de los propios votantes del PP, que han sentido la ruptura y la traición de un compromiso. Este hombre, portada fallida de un ABC al que alguien, tal vez el mismo, «no negó» que fuera a ser presidente del Congreso, que tiene en como hecho más glorioso el haber dejado a los pies de las redes mediáticas a su propia policía en aquellos agigantados sucesos de Valencia cuando vino a aceptar de entrada una culpabilidad que luego resulto la más manoseada mentira, este ministro del Interior, el que ya va camino de ser el peor valorado de toda la historia democrática, ha cometido el peor error del PP en lo que va de Gobierno, un daño emocional hoy por hoy muy difícil de restañar. Pero que aunque no sea por la necesaria consideración que la de ética y dignidad exigen y aunque solo sea por la del calculo y del interés electoral debe de inmediato repararse. El presidente debe aclarar solemnemente su posición y la de su Gobierno. Y el ministro rectificar de manera contundente. Que quizás, ya ha ido mucho su cántaro a la fuente, no sea suficiente y lo mejor es que abandone un cargo que le viene muy grande. Porque esto sí que es un roto y solo hay que ver con que fruición se frota las manos Rosa Díez. Solo hay que fijarse en quien lo aplaude.

PD. Que Soraya Sáenz de Santamaría se esfuerce luego en explicar, que lo explica, como avanzan en reformas y como sigue evitando gastos y duplicidades, intentando una acción didáctica de la que cada vez adolece más el Gobierno incapaz de comunicar bien sus medidas, resulta un esfuerzo inútil. Un desgaste añadido que cada semana propicia un ministro desatado de verbo y cuyo ranking lidera este verdadero cenizo de Fernández.

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Autor

Antonio Pérez Henares

Ejerce el periodismo desde los 18 años, cuando se incorporó al diario Pueblo. Ha trabajado después en publicaciones como Mundo Obrero, Tiempo, El Globo o medios radiofónicos como la cadena SER. En 1989 entró al equipo directivo del semanario Tribuna, del que fue director entre 1996 y 1999. De 2000 a 2007 coordinó las ediciones especiales del diario La Razón, de donde pasó al grupo Negocio, que dirigió hasta enero de 2012. Tras ello pasó a ocupar el puesto de director de publicaciones de PROMECAL, editora de más de una docena de periódicos autonómicos de Castilla y León y Castilla-La Mancha.

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