La Marea de Pérez Henares

El BCE, como quien tiene un tio en Alcalá, que ni tiene tio ni tiene «ná»

Si uno se asoma a la calle, el paisaje está dominado por jóvenes, de rostros alegres y camisetas rojas con franjas amarillas, incluso con bandera, esa bandera nuestra que parece de exclusiva utilización deportiva. Los jóvenes se alegran de los goles de la selección y, aunque consuman menos en los locales, trasmiten cierta sensación de entusiasmo. Eso si, tras las celebraciones de los triunfas no tardar en enseñar su rostro en las conversaciones la preocupación por lo cotidiano, el trabajo que no se tiene, el miedo al despido y el sueldo que no alcanza. Cada cual en busca de buscarse precisamente la vida y muchos de ellos amparados únicamente por esa inmensa y eficaz ONG española que es la familia a la que también se le empiezan a agotar los recursos.

Pero si uno vuelve de de nuestras calles, que al menos parecen normales con sus manifestaciones y todo, y se asoma a los portales de internet, a los noticiarios o a los periódicos entonces el rostro se demuda y el miedo nos invade. Dos días, desde que Modyys, no asestara la ultima puñalada , tres mejor dicho, trapera y con saña, en el momento exacto para que todos los especuladores se cebaran en nosotros. La prima de riesgo ha superado dos días consecutivos los 550 puntos ( aunque luego haya cerrado unos puntillos por debajo) ese más que fatídico nivel que significa un 7% de interés cuando vayamos a colocar deuda, algo que por fortuna no nos ha tocado estos días pero que nos tocara a la vuelta de la esquina. A Italia si y la han crujido aunque ellos están en esto algo más relajados de “prima” que nosotros. Por cierto que lo sorprendente ha sido nuestra bolsa, empeñada en resistir bravamente y hasta avanzar para acabar la semana con subidas consecutivas y recuperando los 6.700 puntos. Un raro y contradictorio consuelo pero consuelo al fin y al cabo.

Creía el gobierno, las grandes instituciones financiera, los empresarios más poderoso, que tras el rescate a las cajas naufragadas y tras una negociación cuyos frutos parecen buenos y otros envidian . Alrededor de un 3% de interés que es lo único que se anota como déficit pero que no hay que empezar a pagar y contabilizar hasta el 2017. No pintaba mal y a primera hora del lunes hasta había euforia. Duro tres horas. Sobre nosotros cayeron en picado y desde todos los lados. El ataque fue terrible, continuado y feroz y ahí nos ha dejado, tumefactos, en la lona, a la espera es ese momento que puede ser ya de pánico cuando el domingo voten de nuevo los griegos y quizás salga triunfante ese “nos quedamos en el euro, pero de pagar deudas nada, subimos salarios y eso si, con urgencia mándenos antes del 23 una pasta que no hay un chavo para las nominas de los funcionarios”. Puede desatarse la estampida y los que estamos más expuestos a los cascos de la manada que se desboca somos nosotros.

Dice el BCE, lo dijo el vienes, que tiene preparado un plan de previsión del peor escenario. Pues bueno. Por lo que hemos visto del BCE y su inanidad absoluta mientras nos daban un estacazo tras otro, tener un BCE así es como tener un tío en Alcalá, que ni tiene tío ni “tiene na”.

Al Gobierno lo tienen, en menos de seis meses, achicharrado. Cierto que el agujero de entrada no es suyo pero de salida lo está cavando. Mantiene la calma, dice, y eso parece pero le cae estopa y granizo por todos lados. Desde fuera y desde adentro y de postre Almunia, que a lo mejor lo de cerrar algún banco inviable, salvando depósitos y depositarios, es lo menos malo. Pero Almunia no tiene que ir por allí adelantando irresponsablemente titulares y menos en un momento como este y menos siendo el único comisario que tiene España y menos aún con el precedente de lo que de su entorno salió, que inflábamos el déficit, que no era el 8,5, que aún se quedaron cortos y nos la liaron parda..

Legalidades y mandatos aparte así como lealtades descontadas lo de Almunia es una evidente incongruencia. Fue candidato a presidente y secretario general del partido que es el rival esencial del que ahora gobierna España. Está allí como residuo de otro tiempo y de otras mayoría y, más allá de cualquier otra consideración la cosa chirría.

Porque en estos momentos, tan decisivos y cruciales, como temerosos, cualquier nota discordante y más si es del “español de Bruselas” hace saltar la alarma y la congoja.

Claro que en eso de aparentar una cosa y hacer la contraria el maestro es Rubalcaba. En el coro de garrotazos al gobierno, el parece que se distancia y ofrece manos tendidas. Pero los hechos parecen darle la razón a aquella caricatura, creo que de Anasagasti, sobre su comportamiento. “Rubalcaba, ni obra buena ni palabra mala”

Si hace unas semanas recapitulábamos sobre la más atroz pasada, esta ya le ha superado en angustias y lo que tenemos por delante ya es como de salir corriendo, aunque lo único que nos cabe es aguantar y resistir. Lo que podamos. Hasta esas elecciones y reuniones decisivas en Grecia, de Roma, de G-20, de Cumbre europea. De ahí parece que sale algo en claro y si no, el ultimo que pague la luz. Que será Alemania pero el resto iremos cayendo uno a uno por el desfiladero. Y al final los alemanes también, aunque sean los últimos. Porque puede caer el euro y puede caer Europa tal y como la conocíamos y un día hasta soñamos.

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Autor

Antonio Pérez Henares

Ejerce el periodismo desde los 18 años, cuando se incorporó al diario Pueblo. Ha trabajado después en publicaciones como Mundo Obrero, Tiempo, El Globo o medios radiofónicos como la cadena SER. En 1989 entró al equipo directivo del semanario Tribuna, del que fue director entre 1996 y 1999. De 2000 a 2007 coordinó las ediciones especiales del diario La Razón, de donde pasó al grupo Negocio, que dirigió hasta enero de 2012. Tras ello pasó a ocupar el puesto de director de publicaciones de PROMECAL, editora de más de una docena de periódicos autonómicos de Castilla y León y Castilla-La Mancha.

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