La Marea de Pérez Henares

Cuando más necesita España un PSOE sensato, coherente y unido….

La intensidad informativa a que nos someten nuestras angustias económicas es tan asfixiante y las tribulaciones del Gobierno tan continuas que apenas queda espacio y mirada para quien, supuestamente, podría ser la alternativa en el poder y en la dirección de España: el partido socialista. Aunque quizás sea mejor para ellos que no se mire demasiado o , aun peor, que no interesa mirar porque si Rajoy y el PP sufren un innegable desgaste, ellos, por el momento, no pueden pretender ser solución a nada, tras haber dejado al país arruinado y descosido. Ello lastra pesadamente una oposición desnortada que en muchas ocasiones se arrima suicidamente a posiciones extremistas, comprendiendo a los que pretenden asaltos al Congreso y cargando contra la policía que los defiende con tal de erosionar al Gobierno y otras, como en Cataluña, pretende habitar el limbo, cuando hasta el Papa ha dicho que no existe, envolviéndose en humos cuando los otros ya se han envuelto en la bandera separatista.

Pero pocas veces ha sido tan necesario el Partido Socialista, la socialdemocracia española, en la historia reciente de España como en este momento y nunca ha estado en tan penosa situación de desconcierto, incapacidad, falta de liderazgo y desunión como en esta hora. Cuando más haría falta un partido que desde la izquierda sensata, europea y nacional que ayudara a remontar, unir y vertebrar-sin dejar de hacer la oposición más enérgica y dura, que eso es otra cosa- en menos disposición esta de hacerlo un partido al que Zapatero dejo descuajado de su verdadera esencia, territorialmente hecho trizas y, cercenados sus referentes y figuras históricas sin alumbrar ninguno de futuro. Porque el futuro era los zapateristas y resultaron humo y distorsión. Una insensata, presuntuosa e inepta cuadrilla, de diseño y sin sustancia, de Blanco a Aido, de Pajin a Aguilar, de Chacón a Caldera, que ha llevado a las siglas a su máximo desprestigio y a los peores resultados en las urnas desde el inicio de la democracia. Comandados los restos del naufragio in extremis, y es un decir, por el único que ha hecho virtud de aguantar como segundo de todos pero que ha dejado mas que claro que primero no sabe ser de nada, Alfredo Pérez Rubalcaba.

El PSOE carece hoy de credibilidad por su pasado reciente, pero tampoco parece estar en ninguna senda de recuperarla pues de lo que carece ahora es de mensaje, de idea de que hacer, de proyecto real para la sociedad española. Critica la Gobierno, claro está, y eso es lo único que tiene fácil, porque Rajoy y los suyos, dificultades inmensas heredades aparte y que nadie niega, no están por el momento acertando a arreglar nada y a veces hasta lo empeoran.
Pero la critica y la oposición socialista, amen de alicortada por la memoria reciente, es tan chillona como pobre, sin calado, consignada y hasta parece que descreida en lo que ellos mismos proclaman. Si Rubalcaba con sus aires frailunos y sus pellizcos recriminatorios no alcanza a convencer ni a los suyos, Elena Valenciano es un despropósito continuado y Soraya Rodríguez un batiburrillo de chillidos reiterados. Pero no es eso, la indudable carencia de liderazgo y de equipo dirigente, lo peor. Lo más letal es su desvertebración generalizada que en Cataluña adquiere ya características de drama, indefinición y ruptura. Que Carme Chacón aspirara un día a liderar el partido desde aquella organización resulta hoy tan esperpéntico como inaudito que estuviera en un tris de lograrlo.

El PSC, tras actuar como cabeza de puente para el trasvase de sus bases hacia el nacionalismo, con los Maragall (que siempre tuvieron claro su nacionalismo por encima de su presunto socialismo) y luego con Montilla de definitivo “tonto útil” del victimismo secesionista, se encuentra ahora en mitad de un río que se los está llevando al fondo. De partido hegemónico a menos del 20% y encima sin saber en que orilla hacer pie y tener puerto. El reinvento del “federalismo asimétrico”, o sea, desigual, dependiendo del territorio, aparte de un insulto a los principios de la izquierda lo es a todo el resto de los socialistas españoles. Es lo que pregonaba Maragall, que por si se olvida abjuró de su partido, y su señora, la que rompió el carné airadamente y el hermano que lo pisotea ahora, amenazando con crear una nueva formación. O sea, que al final la ruptura se la van a consumar los independentistas cuando tal vez quienes debieron, y hace mucho, poner pies en pared fueron quienes les permitieron tripartitos con secesionistas y derivas dañinas para el concepto de socialismo y la idea de España igualitaria.

Pero lo de Cataluña no es un caso aislado. Una copia existió y quiere ahora revivirse en Galicia. Un partido deshecho, un candidato más gris y nebuloso que las propias brumas galaicas, se aferra no a sus votos, que los sigue perdiendo a puñados tras haberlos perdido la vez anterior a espuertas, sino a la posibilidad de pactar con los independentistas, esta vez escindidos y , pero que más da, si hay poltrona desaparecen por ensalmos los cabreos ideologicos. Da igual como si se alcanza el poder. Se canta victoria aunque se pierda. Lo que importa, está claro, es eso y nada más que eso. Como pasó en Andalucía. Nunca más abajo, nunca antes superado en votos y en escaños por el PP, pero, merced a Izquierda Unida, conservada la Junta que así aún se puede tapar algo lo de los ERES y lo que esta desde hace 30 años bajo las alfombras.

Hoy el sueño del PSOE no es ganar. Es lograr que el PP no venza por mayoría absoluta, aunque ellos caigan cada vez más en la sima, y luego pactar a diestra a siniestra y con quien sea. Pero ese no es el partido socialdemócrata que hace falta. Ni a la izquierda ni a España. No es este su líder, ni aparece en el horizonte aún quien pueda serlo, no es este el equipo que debe refundarlo, no son estos quienes parecen poder salvarlos. Porque no está escrito en ningún sitio que el PSOE, solo por la sigla, y para siempre conserve el primer puesto en las alternativas a la derecha gobernante. Ha sido así desde el 77 pero, miren Grecia, miren incluso Madrid, y eso puede variar mañana. En Ferraz piensan que Rajoy se desplomará con estrépito arrastrado por la inundación de la crisis pero no ven que la riada se los está llevando antes a ellos. Si hay un partido hoy a la deriva, cuando más falta hacia su ayuda y fortaleza, es el PSOE. Si hay votantes náufragos que buscan tablas y salvavidas esos son los socialistas.

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Autor

Antonio Pérez Henares

Ejerce el periodismo desde los 18 años, cuando se incorporó al diario Pueblo. Ha trabajado después en publicaciones como Mundo Obrero, Tiempo, El Globo o medios radiofónicos como la cadena SER. En 1989 entró al equipo directivo del semanario Tribuna, del que fue director entre 1996 y 1999. De 2000 a 2007 coordinó las ediciones especiales del diario La Razón, de donde pasó al grupo Negocio, que dirigió hasta enero de 2012. Tras ello pasó a ocupar el puesto de director de publicaciones de PROMECAL, editora de más de una docena de periódicos autonómicos de Castilla y León y Castilla-La Mancha.

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