La Marea de Pérez Henares

La traición nacionalista

El grito “Libertad y Amnistía” de aquellos años donde la democracia era el objetivo común contra la dictadura, llevaba aparejado, y no solo en Cataluña, País Vasco o Galicia, sino hasta en el Madrid estudiantil obrero o cultural que se manifestaba jugándose cárcel y palos, el de “Y Estatuto de Autonomia” como muestra de apoyo a las aspiraciones de ciertos territorios cuyas lenguas, hábitos y señas de identidad había intentado aplastar el franquismo. Porque, y eso es tan evidente como vivido en propias carnes de mi niñez en Euskadi, el franquismo si pretendió yugular esas expresiones.

Un día, España y los españoles, logramos lo que nos pareció tan imposible durante tanto tiempo. Conseguimos la libertad, nos dimos la democracia y fruto de ello se alumbró la Constitución, de donde con sus fallos, que los tiene y muchos en este tema territorial, nacieron las Autonomías y sus Estatutos. Y esa Constitución, de la que derivan las Autonomías , y por supuesto la catalana, fue parida, escrita y firmada entre otros por los nacionalistas catalanes de CiU, que tuvieron un papel relevante en ella a través de Miquel Roca. En Cataluña, el referéndum que la aprobó obtuvo un resultado apabullante: más del 90% de catalanes votaron si.

Desde entonces y durante mas de 30 años Cataluña ha ido avanzando en el camino del autogobierno y de sus señas identitarias hasta llegar a alcanzar cotas como jamás en la historia había logrado. Nunca, ni siquiera en su tiempo como parte de la corona de Aragón, ya no digamos como condado de la Marca Hispanica de Carlomagno, hubo y mucho menos durante la edad moderna, los Austrias, los Borbones , ni en la contemporánea ni en las efímeras repúblicas tal grado de autonomía y de decisión como el ahora existente y debido a esa Constitución Española, que firmaron, ratificaron, votaron y de la que extrajeron todos los frutos y que ahora de manera procaz traicionan. Porque a la luz de los hechos, lo que ahora pretenden Mas, Duran, CiU y por supuesto los separatistas de ERC es una traición simple, pura y dura, a la Ley de Leyes, a la Constitución, a ese acuerdo alcanzado y sellado entre todos los ciudadanos españoles, a ese pacto de honor y respeto refrendado por todos. Porque nos traicionan a todos. Y traicionan su palabra, su firma y su voto.

Traicionan aquello que precisamente les ha permitido, como ellos mismos reconocen, haber llegado a estos grados de autogobierno todavía acrecentados con el ultimo e impostado Estatuto cuyas aristas ya más flagrantemente anticonstitucionales y rupturistas hubieron de ser eliminadas por el Tribunal Constitucional. Por cierto votado en Cataluña por tan solo un exiguo 33% de su censo.

Estos treinta años de Constitución y Estatut han supuesto un camino continuo de ir logrando cuotas de poder y exclusividad. Se suponía que siempre dentro de los márgenes de la ley y para como reclamaban, encajar mejor Cataluña en España, que la convivencia fuera mejor, más cómoda y armónica. Eso proclamaban.

Pero era mentira. Porque no se trataba de vertebrar y encajar, sino de desenraizar y de excluir. Primero con la Educación y a través de ella adoctrinando a las generaciones en el victimismo y desapego, cuando no odio, a lo común. Luego utilizando la lengua como confrontación y dar el pendulazo opuesto pero simétrico a lo pretendido por el “nacionalcatolicismo” franquista : en vez de excluir el catalán extirpar ahora el castellano. Y así en todo, en todos los aspectos administrativos, políticos, sociales , judiciales, fiscales y económicos. De lo que se trataba era de hacer desaparecer a España, hasta cerrando plazas de toros, y a todo lo que significara Estado.

El Estado, presa de su propia ley electoral y de la incapacidad de una visión de estado entre los dos grandes partidos, gravísimo en el caso de la izquierda catalana pasada con armas y bagajes a la orilla nacionalista, donde sigue ahora como alma en pena, perdidos principios, bases y electores, ha ido cediendo una y otra vez. El proceso hasta cierto punto embridado en época de Suárez y aún de González, se aceleró con Aznar, que otorgó exclusividades en las materias más sensible y hasta retiró a la guardia Civil de muchos de sus cometidos, para alcanzar el paroxismo con Zapatero acompañado de su correligionarios Maragall, un claro nacionalista que acabó por abandonar el PSC, y Montilla, que con tal de gobernar se convirtió en el definitivo “tonto util” del separatismo pactando con ERC, haciendo romper al débil ZP su acuerdo de dejar obernar al mas votado y allanando definitivamente el camino a la actual situación de ruptura. Zapatero, el gobernante de una nación que consideraba “discutida y discutible” es sin duda el gran culpable de esta deriva y lo que ahora sucede es una terrible losa en su debe de insensatez y delirios de aprendiz de brujo. Por cierto su ultimo aporte fue esa nueva financiación, pactada bilateralmente en 2009 con el tripartito, a la medida de Cataluña e impuesta a todos los demás y de la que ahora se abjura y de la que se alardeaba entonces como gran avance y paso definitivo.

El zapaterismo tiene una inmensa responsabilidad pero la traición es, sin duda, nacionalista. Traición a la Constitución, a su firma y a su palabra. Una deslealtad sin precedentes y una manera de escenificarla tan mendaz como repulsiva. El iluminado Mas y el gran farsante Duran no dudan en reconocer que aprovechan la debilidad y la crisis para buscar el despedazamiento del cuerpo español. Se escudan, amparados en control mediático y una prensa subvencionada, sumisa y a la orden de quien les mantiene, en una falaz afirmación continuada, machaconamente repetida, gobelsianamente impresa a través de un sistemático lavado de cerebro desde la escuela al futbol, en que España les saquea, les roba y le oprime, vulnera sus raíces y aplasta su lengua. El victimismo más burdo, la más evidente mentira, que sin embargo pasa por verdad casi absoluta.

Para concluirlo todo en una propuesta de país de la leche y la miel, de tierra prometida para lo cual solo hace falta abandonar España y extender la mano, eso si, suponiendo que violar la ley, ciscarse en la Constitución nada importa y suponen que ha de serles permitido. Porque suponen ellos pueden vulnerar todas las leyes, pero España no puede imponer el cumplimiento de ninguna. De hacerlo y sin hacerlo ya se previenen con delirios de “invasión” armada y ridículas guerras más digna de un gag de Gila que de alguien mínimamante cuerdo. Pero a tal extremo pretenden llevar la confrontación y la tensión por falsa que sea la excusa para conseguir acumulando presuntos agravios y amenazas en las que envolverse junto a la bandera.

El paraíso final anunciado, en el colmo del engaño y a través de un referéndum que no pueden convocar legalmente, pues la soberanía no corresponde a su fracción de España sino al conjunto de su ciudadanía, es la promesa de un estado catalán dentro de la Unión Europea. Algo tan imposible y quimérico que ellos mismos saben que es absolutamente falso. El Tratado de la UE (art 4.2) lo descarta de manera radical y tajante, como así ha sido señalado sin ningún genero de dudas por Bruselas.

El nacionalismo catalán está, sin duda, quitándose definitivamente la careta y traicionado a España. Pero está, al mismo tiempo, y con su mendacidad y engaños, traicionando a Cataluña y a los catalanes. Ha de mentirles para lograr que le acompañen y que den un paso irreversible antes de que descubran el inmenso error cometido.

(Publicado en la Revista OSACA del Grupo Promecal)

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Autor

Antonio Pérez Henares

Ejerce el periodismo desde los 18 años, cuando se incorporó al diario Pueblo. Ha trabajado después en publicaciones como Mundo Obrero, Tiempo, El Globo o medios radiofónicos como la cadena SER. En 1989 entró al equipo directivo del semanario Tribuna, del que fue director entre 1996 y 1999. De 2000 a 2007 coordinó las ediciones especiales del diario La Razón, de donde pasó al grupo Negocio, que dirigió hasta enero de 2012. Tras ello pasó a ocupar el puesto de director de publicaciones de PROMECAL, editora de más de una docena de periódicos autonómicos de Castilla y León y Castilla-La Mancha.

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