La Marea de Pérez Henares

Una izquierda avengonzada de España

La actual izquierda española presenta dos distintivos muy acusados: su exhibición de apósitos identificativos que formalmente proclamen su condición izquierdista y su vergüenza de ser española recurriendo a cualquier eufemismo antes que pronunciar la palabra “maldita”. El más recurrente es el de “Estepaís” que a nada pedirán figure en nuestros DNI.

Ese rechazo, que le lleva de inmediato y como acto reflejo, a ponerse del lado de cualquiera que pueda tener un conflicto con nosotros como Nación, determina considerar que, desde los Cartagineses Barca y los Romanos, que cometieron el pecado de nombrarla así, pasando por todas las etapas de nuestra historia , hasta hoy y para siempre, somos los inexcusables culpables de cualquier exceso, conflicto y guerra y que lo mejor que puede acaecer es que seamos derrotados y humillados convenientemente. El razonamiento, por llamarle algo a tal proceso mental, lo que resume es el axioma de que el propio vocablo, la propia esencia, España en sí misma, ha sido desde siempre y para siempre “FACHA”. Lo ha sido “per se” y Franco gobernó no solo durante cuarenta años sino durante 40 siglos y seguirá siempre y en el fondo gobernando. Porque todos, el Cid, Isabel y Fernando, todos los Carlos y Felipes, los Cortes y los Pizarro han sido en el fondo unas trasmutaciones ectoplásmicas de Franco.

Me dirán y sé y admiro que hubo otra izquierda y no lejana que llevó sin complejo y con orgullo esa palabra en sus siglas(mantenidas todavía bochornosamente) pero diríase que tras ser secuestrada por la Dictadura, cuando la democracia la rescató y liberó la izquierda la entendió ya como algo manchado y violado, que repudiaba y que le repugnaba. Que quedaba apestada de por vida, vamos. Y en esa sigue y es por ello por lo que en ese pensamiento tan débil, esa especie de hipysmo-leninismo, insustancial de contenido pero poderoso en formas y publicidades como implacable en aplicación practica y excluyente con cualquiera que lo discuta, conlleva esa propensión a ponerse a favor de cualquiera con tal de estar en nuestra propia contra, como nos está sucediendo estos días con el contencioso de Gibraltar donde ni siquiera el hecho de que el Gobierno defienda a unos pescadores que están siendo acorralados en su forma de vida hace que reflexionen. Ahí están Juan Fernando López Aguilar, Oscar López, Elena Valenciano y el propio Rubalcaba colocándose de perfil cuando no del otro lado como aquel Moratinos que parecía considerar que ser ministros de Exteriores significaba ir con los contrarios.

Pero quizás y en el caso del PSOE, esa impostación izquierdista y esa vergüenza de España, que en unos lugares se soslaya y en otros, por contra, como Cataluña, se alardea, tienen cierto origen común. La exhibición de simbología, la apelación a identidades gloriosas o el trazado visceral, sentimental y en el pasado de la linea divisoria con los “otros”, los “malos” oculta la falla atroz de un cuerpo de doctrina medianamente sólido, al que se ha dado el cambiazo por una mezcolanza compuesta por una serie de lugares comunes del pensamiento buenista, lo políticamente correcto, la apelación al “pueblo” y a los “pobres” como excusa global y a un pasado que hay que remontar mucho hacia atrás para hacerlo glorioso pues el reciente a olvidar es de nula presencia en lucha por la libertad y casi absoluta desaparición en el combate contra la dictadura. Y a ese hipysmo-leninismo está claro que no le gusta España.

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Autor

Antonio Pérez Henares

Ejerce el periodismo desde los 18 años, cuando se incorporó al diario Pueblo. Ha trabajado después en publicaciones como Mundo Obrero, Tiempo, El Globo o medios radiofónicos como la cadena SER. En 1989 entró al equipo directivo del semanario Tribuna, del que fue director entre 1996 y 1999. De 2000 a 2007 coordinó las ediciones especiales del diario La Razón, de donde pasó al grupo Negocio, que dirigió hasta enero de 2012. Tras ello pasó a ocupar el puesto de director de publicaciones de PROMECAL, editora de más de una docena de periódicos autonómicos de Castilla y León y Castilla-La Mancha.

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