El mayor problema de Cataluña y España, quizás aún peor en sus alcances que la angustiosa crisis, se llama separatismo catalán. De ello vamos a tener que hablar casi todos los días. Artur Más, el mejor agente electoral de ERC, sigue en su delirio. A él no le sirven razones ni argumentos. Pero es necesario dárselos a una población a la que pretenden abducir en su cada vez más peligrosa deriva. Esa es la labor del Gobierno, con contundencia en las razones y con contención en las formas. Lo debiera ser también de quien aspira a sucederles, como les antecedieron en el Gobierno de España, los socialistas. Pero ellos andan navegando entre dos aguas, o mejor dicho anegados y a punto de naufragio, perdido rumbo, principios y conexión con los de sus votantes. Simplemente ya no se sabe lo que dicen ni el PSC, ni en Madrid Rubalcaba, convertido también en “tercera vía” como el tal Duran, que un día advierte de la declaración unilateral de independencia, algo así como vamos a meter fuego a todo esto pero la culpa de que seamos pirómanos es de ustedes, y al siguiente dice que el no quiere, que es el moderado, el “bueno”. Difíciles tiempos con algo ya desgraciadamente irreversible: en Cataluña, estuve por allá con ocasión del Planeta, la fractura social y de convivencia es un hecho. Los separatistas se consideran portadores de la verdad absoluta y legitimados para imponerla sin importarles que libertad, que derecho, que ley y que personas haya que aplastar en el camino.
De ello no vamos a tener otro remedio que estar pendientes, aunque el hartazgo es cada vez mayor y creciente, pero hoy quiero traer aquí algo que me parece de alcance y relevante aunque pueda parecer ahora pequeño. El jueves, el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, presentó un documento a la ciudadanía española que, no hace falta ser profeta, es el primer paso de la expansión del mensaje a todo el territorio español. Es un manifiesto sorprendente. Primero porque no va contra nadie, sino que propone hacer algo. Y lo propone desde el compromiso civil, individual, desde la asunción tanto de deberes como de derechos. Tiene algo de “kenediano”, de ya vale de preguntarse que puede hacer la nación por nosotros y pasar a que podemos hacer nosotros por ella. Dice Rivera que un súbdito es alguien que espera a ver que va a pasar con el y un ciudadano es quien piensa que puede hacer el para que algo pase. Y eso le lleva a concluir que España será los que los españoles quieran y hagan.
Le preguntaban que si eso significa que sale de Cataluña y el replica que no sale de ningún lado, que en todo caso estará en todos, que esto no es por ahora un partido y que si lo llega a ser y se presenta a las elecciones próximas será porque esa corriente crezca y así decida, a través del voto, encauzar el agua. En las primeras horas ya tenía miles de firmas y el acto en el teatro Goya, de Madrid, el próximo día 26 se presume multitudinario y con sorpresas. El emergente, lo es en presencia y encuestas, líder que amenaza hegemonías en Cataluña, mantiene un discurso neto, de defensa de los valores constitucionales, de libertad, convivencia, unidad y civismo, una apuesta por la regeneración como paso imprescindible, una posición más lindera con la socialdemocracia en lo social y más liberal en lo cívico y en lo económico aunque sin irse de Tea Party.
Sorprende en todo el documento lo positivo, el que no vaya contra nadie, sino que llame a hacer cosas a favor y en pro de algo. Y cuando se ahonda y uno lo ha hecho, lo que aflora es que si algo le preocupa es que no sea su movimiento factor de desestabilización ninguno, sino bien al contrario, de contribuir a ella. Por patriotismo, que es esa palabra maldita, como España, porque un día fueron secuestradas por la dictadura y hubo quienes, en la izquierda, ya la consideraron para siempre manchada, como la chica violada que encima sufre el rechazo de las gentes “limpias”. Pues por eso, por patriotismo, que en políticamente correcto se llama “interés de estado” y por civismo, por impulso ciudadano dicen haber dado ese paso. Añado que también porque la naturaleza odia el vacío y si no lo llenan sus propuestas serán otras quien lo hagan y Rivera lo sabe. Como lo saben quienes le temen. Y ya ayer comenzaban a lanzarle los primeros flechazos, y no de Cupido precisamente. Hubo uno recurrente, el de que ahora se pasaba a la política española y para el que me dio una contundente respuesta. “Llevo haciendo política española desde el primer día. ¿O acaso no es donde más hay que hacerla en Cataluña?”. Pues si, quizás esa dejación es lo que nos ha llevado a por donde empezaba este articulo. La novedad es que además de en Cataluña de donde Ciudadanos ni el tienen la más mínima intención de irse, el movimiento se extiende a España. Y a mi, humildemente, me parece positivo y hasta necesario. Vamos, que lo he firmado.
