La Marea de Pérez Henares

Un 14 de julio de 1986

El 14 de julio de 1986 una fortísima explosión hizo retemblar la casa y la cama. Me levanté sobrecogido. Me vestí con lo primero que pillé, cogí una cámara de fotos y bajé a la calle. A la plaza de la Republica Dominicana. Humo, fuego, llamaradas, árboles y coches ardiendo. Al fondo un autobús de la Guardia Civil destrozado. Hice algunas fotos mientras me acercaba. Guardias Civiles muy jóvenes, sangrando, deambulaban sin sentido. Gritos. Gente alborotada que iba llegando. El terror en las caras. El carrete apenas si dio para una docena de fotos, se acabó la película y dejé la cámara al pie de un pino en el centro de la plaza apara poder ayudar en lo que pudiera. Subí al autocar humeante. Cuerpos inmóviles, muertos en sus asientos, alguno destrozado en el pasillo, unos guardias supervivientes sacaban a un compañero muerto en brazos. Llego David Aguilar, un fotógrafo del semanario Tiempo donde entonces trabajábamos. Captó el momento. Hacía mi se dirigió un hombre de paisano que mantenía la calma y daba instrucciones. Me dijo que era teniente de la policía nacional. Le contesté que yo periodista y vecino de la zona. Llegaban las primeras dotaciones de policía. Me preguntó por el hospital más cercano. Había uno en la calle paralela a Alberto Alcocer, por detrás, en Nuestra Señora de Lujan, a apenas doscientos metros. Me pidió que dirigiera hacia allá a los heridos que pudieran valerse. Lo hice y hacía allí fui encauzando a los que apoyados unos en otros aún caminaban. Cuando volví a la plaza ya estaba todo más controlado, recogí mi cámara, que nadie había tocado y tras un rato decidí volver a casa y llamar a la revista. Al legar al portal, las imágenes, sobre todo las del autobús, se me agolparon en la cabeza y vomité.

En aquel atentando del comando Madrid fueron asesinados 12 guardias civiles jóvenes que iban de instrucción desde el su cuartel de Príncipe de Vergara. El coche bomba había sido colocado en la rotonda, junto a un restaurante llamado La Tortuga. Se sumaba a una cadena de atentados en Madrid que desde el año 1985 habían dejado ya antes otra docena de muertos.
En enero del año siguiente, en el equipo de investigación de Tiempo había conmoción interna. Por una filtración, sabíamos de una detención inminente. Por responsabilidad se mantuvo silencio. A cambio se nos permitió estar prácticamente en la detención misma. Un fotógrafo incluso en el helicóptero que sobrevoló la zona, la barriada de Pueblo Nuevo, y se pudo fotografiar las dos casas donde los etarras habían sido sorprendidos en pleno sueño. Cayeron De Juana Chaos, Trotito, Esteban Esteban Nieto, Maria Teresa Rojo, Inmaculada Noble y Cristina Arrizabalaga. Se escapó, no durmió aquella noche en los pisos, Inés del Rio, que sería capturada aquel mismo julio en Zaragoza. Hablé con sus vecinos, con familias a quienes saludaban en la escalera, con los tenderos a quienes compraban. En la pequeña galería de alimentación, en una pequeña pescadería, su dueño Francisco Madariaga, se acordaba muy bien del día de atentado de la Dominicana. Fue el que más marisco había vendido, es una barrio humilde, en toda su vida. Se lo habían comprado los etarras para celebrar sus asesinatos.

Veintiséis años más tarde, De Juan Chaos, que ya lleva unos cuantos, y ayer Ines del Rio y Troitiño están libres.Sin arrepentimiento alguno, ufanos de sus crímenes. El primero marcó de manera infame el ya de por si infamante “Proceso de Paz”, los dos últimos tras la sentencia de Tribunal de Estrasburgo, al que me niego a llamar de Derechos Humanos, que no queda más remedio que acatar. Que la inmensa mayoría sufrimos y otros, sus cómplices celebran. Y algunos, que ya no se como llamar, aunque ellos se consideren el sumum progresista, lo consideran “una buena noticia”. Entre ellos y quienes más allá de los preceptos leguleyos sentimos que se retuerce la entraña, se pisotea la dignidad y se nos revuelve la tripa como aquel día en la plaza de la Dominicana, media un abismo. De simple ética, de mínima justicia y de pura humanidad.

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Autor

Antonio Pérez Henares

Ejerce el periodismo desde los 18 años, cuando se incorporó al diario Pueblo. Ha trabajado después en publicaciones como Mundo Obrero, Tiempo, El Globo o medios radiofónicos como la cadena SER. En 1989 entró al equipo directivo del semanario Tribuna, del que fue director entre 1996 y 1999. De 2000 a 2007 coordinó las ediciones especiales del diario La Razón, de donde pasó al grupo Negocio, que dirigió hasta enero de 2012. Tras ello pasó a ocupar el puesto de director de publicaciones de PROMECAL, editora de más de una docena de periódicos autonómicos de Castilla y León y Castilla-La Mancha.

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