J. M. DE PRADA

«El día que los biblistas Rubalcaba y Rajoy se lanzaron citas del Evangelio desde la tribuna parlamentaria»

"El día que los biblistas Rubalcaba y Rajoy se lanzaron citas del Evangelio desde la tribuna parlamentaria"
Juan Manuel de Prada

Resulta misterioso que un tipo que no es capaz de meter en pretina a los menos de cien soldados de su ejecutiva, tenga ínfulas de redentor

Este sábado 25 enero 2014 Juan Manuel de Prada titula ‘Los biblistas’ su columna en el diario ABC:

«Los biblistas Rubalcaba y Rajoy estuvieron hace unos días lanzándose a la cabeza citas del Evangelio desde la tribuna parlamentaria. […] Empezó el intercambio de citas Rubalcaba, que trajo a la tribuna el milagro del centurión, pero cambiando la perspectiva de la frase: «Una palabra mía bastará para sanarte», dijo el andoba, y se quedó tan ancho; prueba inequívoca de que no se metió en el pellejo del centurión, sino en el del Mesías. Resulta, en verdad, misterioso que un tipo que no es capaz de meter en pretina a los menos de cien soldados de su ejecutiva, tenga ínfulas de redentor del género humano; pero no debe extrañarnos tamaña alucinación, si tiene por maestro biblista a Bono, que -según aseguró en la tribuna- se conoce los Evangelios al dedillo. Afirmación por completo falaz, pues si Bono los conociera recordaría que «hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados»; y no habría tenido la osadía de implantarse un felpudo capilar.»

Añade:

«Vino luego a la tribuna Rajoy, que replicó a Rubalcaba con las palabras de Cristo ante la adúltera (tal vez confundiéndolo maliciosamente con Hollande): «Quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra». Pero, a la hora de referenciar la cita, a Rajoy se le fue la olla por lo menos siete capítulos, y afirmó que estaba tomada del versículo séptimo del capítulo primero de Juan, que en realidad dice: «Éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él». De donde deducimos que lo que Rajoy veladamente pretendía decirnos es que Rubalcaba, a semejanza del Bautista, era un precursor en la tribuna del verdadero Mesías; y que, por lo tanto, el Mesías auténtico era él.» 

Y concluye:

««¡Perdónalos, Padre, porque no saben lo que hacen!», diríamos, si fuésemos piadosos y biblistas como ellos; pero como somos ignaros e impíos, pedimos a Dios que los castigue, por obligarle a decir tantas macanas espantosas al Espíritu Santo.»

 

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