ELVIRA LINDO

«Para colmo, el mejor humor español ha sido cosa de pobres»

"Para colmo, el mejor humor español ha sido cosa de pobres"
Elvira Lindo

En la esencia de Harpo y Gila late un deseo de mejorar el mundo a través de una visión irónica de la desgracia

Este domingo 26 enero 2014 Elvira Lindo titula ‘¿Es ahí la guerra?‘ su artículo en El País:

«El humor es ese género al que cualquiera cree que puede hincarle el diente. Así lo creen los chistosos televisivos, los imitadores profesionales o esos hombres de cara marrón que se pegan con velcro a las barras de los bares; también los escritores tildados de serios están convencidos de que el humor se hace con la gorra y a veces se ponen graciosos, aunque lamento decir que la mayoría de esas veces la cagan, porque el humor es un don con el que se nace, y que brota del defecto más que del virtuosismo, del oído más que de las lecturas, de lo popular más que de lo sublime. El humorista es un ser trágico porque provoca mucha felicidad inmediata, pero luego ve desvanecerse su gloria, en cuanto se apagan las risas y sale a la intemperie. El humorista es el que se lleva la peor parte de la posteridad, porque el discurso humorístico es el más difícil de traducir a otro idioma o a otro tiempo, y suele ser flor de una vida.»

Añade:

«Para colmo, el mejor humor español ha sido cosa de pobres o inspirado en gente humilde, por lo que, salvo que sean textos bendecidos por la literatura, el tiempo sepulta aquello que en su día hizo reír al público. Hubo un hombre en España que representó más que nadie ese humor de los desgraciados, de aquellos que comenzaron a catar la dignidad en tiempos de la República, que lucharon en la guerra por defenderla, y que luego fueron humillados por una dictadura que los sometió a una moral ultracatólica que ahogaba la expresión espontánea del sentir popular. Ese hombre fue Miguel Gila. Gila. Solía comenzar Gila uno de sus clásicos monólogos diciendo que cuando él nació su madre no estaba en casa, pero la realidad no fue exactamente así: el que no estaba en casa era su padre, que murió en un accidente meses antes de que él naciera.»

Y finaliza:

En el año 1951 salió espontáneamente al escenario de un teatro. Iba vestido con su viejo uniforme de soldado, llevaba consigo un fusil de mentira e improvisó el que sería su primer monólogo:

-Le dije al comandante: ‘Que vengo por lo del anuncio del periódico, para matar y atacar a la bayoneta y lo que usted mande’.

-Y me dijo: ‘¿Qué tal matas?’.

-Dije: ‘De momento, flojito, pero cuando me entrene…’.

-Y me preguntó: ‘¿Traes cañón?’.

-Y dije: ‘No. Yo creía que la herramienta la ponían ustedes’.

-Y dijo: ‘Es mejor que cada uno traiga lo suyo. Así el que rompe, paga’.

-Dije: ‘Yo lo que traigo es una bala que le sobró a mi abuelo en la guerra de Filipinas. Está muy usada, pero lavándola un poco…’.

-Y dijo el capitán: ‘Y cuando se te acabe la bala, ¿qué?’.

-Y dije: ‘Pues voy a por ella, la traigo y disparo otra vez’.

-Y dijo el comandante: ‘Es mucho jaleo: no vamos a parar la guerra cada cinco minutos para que tú vayas a buscar la bala».

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