MANUEL JABOIS

«A Rajoy, Gloria Lomana le pareció por momentos distraída e irrespetuosa»

"A Rajoy, Gloria Lomana le pareció por momentos distraída e irrespetuosa"
Manuel Jabois.

Este domingo 26 enero 2013 Manuel Jabois titula ‘Posibilidad de una isla‘ su columna de opinión en las páginas de El Mundo:

«En septiembre de 2006 Gabilondo recibió a Rajoy en el plató de Cuatro y le preguntó: «¿Quién dirige el PP, usted, Aznar o Federico Jiménez Losantos?». Rajoy respondió: «Lo dirijo yo, me sorprende que me haga esa pregunta». Rajoy sabía que aquello no era una pregunta ni aspiraba a serlo, pero ejercitaba un papel célebre del repertorio: el de asombrado ante las irregularidades del exterior; un gesto de sarcástica compasión hacia aquellos que se creen más listos que él, no digamos ya si lo son.

Dos años más tarde concedió una entrevista a Pedro J. Ramírez en la que ambos caminaron más allá de medianoche por Santiago como personajes de novela; el paseo se prolongó cuatro días, bastante más de lo que la leyenda atribuye al apóstol. En un momento dado Pedro J. preguntó a Rajoy qué pasaría si se viese en la misma situación personal que Sarkozy, enamorado de Carla Bruni. La respuesta de Rajoy fue: «Tenga en cuenta que soy de Pontevedra». «O modelo o cantante, pero las dos cosas a la vez no que me lío», le faltó decir. En cualquier caso la contestación fue valiosa porque una semana antes Pedro J. también preguntó a Zapatero por Sarkozy, o sea Carla Bruni. La respuesta del presidente socialista fue la mejor de su mandato, la única puramente política. Estaba todo el programa electoral metido en ella: «Le dije que en una entrevista me habían preguntado qué tal cantaba Carla Bruni y que yo había contestado que me gustaba mucho cómo cantaba. Y lógicamente fue un comentario que le gustó».»

Añade:

«El de las entrevistas a los presidentes es un género maltrecho porque hay ya como unos preliminares pugilísticos en los que falta pesar al periodista y al político para ver si pueden cruzar palabra entre ellos. Algo así barruntó Rajoy a su salida de Antena 3. La entrevistadora, Gloria Lomana, le pareció por momentos distraída e irrespetuosa. El presidente confesaría después en La Moncloa que tenía ganas de hablar y que no pudo decir nada. Que se encontró en una entrevista en la que, según él, la periodista estaba más pendiente de lo que le fuese a decir la izquierda (como si esa batalla se pudiese librar) que de buscar información, y que sintió que se le faltaba al respeto. En definitiva, que perdió una oportunidad de dar explicaciones ahora que hay tan pocas ruedas de prensa y perfectamente teledirigidas. Los redactores de prensa escrita hablamos dos horas con el entrevistado y transcribimos los 15 minutos de impresión. En la tele es diferente: la presión es inmediata. Tanto, y tan fuerte, que no se repara en que la examinada es la entrevistadora. Se ha ido desplazando el foco del protagonista a la mujer, a la que se le juzga la ropa, el tono y el grado de agresividad como si eso fuese un certificado del buen oficio, cuando los titulares se han conseguido toda la vida masajeando hasta que el presidente pide un pitillo, envuelto en toallas, y se le degüella secamente.»

Y concluye:

«En lugar de su cabeza Rajoy se llevó un enorme fajo de folios con preguntas de los telespectadores («mucho interés»). Más tarde le echó un ojo: había una pregunta por cada folio; una frase en mitad del papel, concretamente. Casi me atrevería a decir que una pregunta y sus 300 retuits.»

 

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