PEDROJOTA RAMÍREZ

«Al sobreproteger a la Infanta, Rajoy está sobreprotegiéndose a sí mismo»

"Al sobreproteger a la Infanta, Rajoy está sobreprotegiéndose a sí mismo"
Pedrojota Ramírez. PD

Este 26 enero 2014 Pedrojota Ramírez titula ‘Rajoy en el espejo de la Infanta‘ su homilía dominical en El Mundo:

«Estaba ya a punto de proponer a mis compañeros que pusiéramos en portada algo así como «Rajoy concede una entrevista para pedir que no adelantemos acontecimientos», cuando todos nos tropezamos con el titular que Gloria Lomana buscaba con ahínco. Y por partida doble. Al «estoy absolutamente convencido de que a la Infanta le irá bien», le sucedió enseguida el «estoy convencido de la inocencia de la Infanta». Nadie esperaba tanta contundencia por parte de un presidente que casi nunca se moja en nada. Por eso, a la entrevistadora le faltaron los reflejos de la repregunta y yo eché en falta a Mourinho por primera vez en lo que va de temporada: «¿Por qué? ¿Por qué?… ¿Por qué?».

Esa misma noche, el editorial de El Mundo aplicó al primer enunciado la doctrina de la self fulfilling prophecy: claro, «le irá bien», porque controlando con una mano la rienda de la Fiscalía que vitupera al juez Castro y con la otra la de la Agencia Tributaria que permite reducir la base imponible de Aizoon mediante facturas falsas ya se está ocupando de ello el propio Gobierno. Y en cuanto a lo segundo parece evidente que se trataba de rematar la faena intimidando al instructor: la Infanta es inocente y punto, la Infanta es inocente y vale ya…»

Añade:

«Nada habría que objetar si Rajoy se hubiera quedado un paso atrás, limitándose a manifestar un anhelo, a formular una esperanza o incluso a expresar un voto de confianza en el terreno del beneficio de la duda. Es obvio que lo conveniente desde el punto de vista de la estabilidad institucional es que la hija menor del Rey salga bien parada del lance procesal, que al fin la equipara con los cientos de miles de españoles investigados y citados a declarar por un juez. Pero al transformar ese pertinente «deseo», «espero» o «confío» en el categórico «estoy convencido» -no digamos ya con el intercalado adverbial del «absolutamente»- Rajoy activó de nuevo el fatídico efecto bumerán y, en vez de ayudar a Cristina de Borbón y Grecia, la colocó aún más en el disparadero de la sospecha generalizada: qué grave debe de ser lo de la Infanta, qué comprometedoras las pruebas contra ella, para que un presidente tan escurridizo como este tenga que emplearse a fondo.

No creo que esa sea una clave certera. Si la Infanta hubiera declarado con normalidad hace un año bajo la imputación de tráfico de influencias probablemente estaría ya exonerada pues, a la luz de la doctrina del Supremo en el caso Blanco, se trata de un delito delicuescente. Incluso ahora, cuando la torpeza de sus defensores públicos y privados ha desplazado el partido al terreno mucho más objetivable del delito fiscal y el blanqueo, son tantos los tecnicismos en juego -doctrina Botín incluida- que ni me sorprendería que eludiera el banquillo, ni me parecería motivo de especial escándalo, siempre que se midiera por el mismo rasero a la esposa de Diego Torres.»

Y concluye:

«Rajoy está siendo pues, coherente, al transformar en normal todo lo que simplemente sea legal y asegurarse a la vez, mediante el control de la Justicia, de que sea legal todo lo que a él le parezca normal. Cualquier concesión a la opinión pública, dentro de ese planteamiento, supondría una grieta en el búnker. Un precedente, una referencia. ¿Dónde iríamos a parar si la Infanta renunciara a sus derechos dinásticos, volviera ponerse de moda la ejemplaridad de la Transición y se pidiera a los políticos, empezando por los que ocupan el poder, que actuaran en consecuencia?»

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