ÁLEX GRIJELMO

«Cataluña puede ser sinécdoque de sus representantes, pero no siempre de sus ciudadanos»

"Cataluña puede ser sinécdoque de sus representantes, pero no siempre de sus ciudadanos"
Alex Grijelmo.

Este 2 febrero 2014 Álex Grijelmo titula ‘La sinécdoque confusa‘ su artículo semanal en el suplemento Domingo de El País:

Hablamos a menudo en sinécdoque, figura que consiste en designar un todo con el nombre de alguna de sus partes, o viceversa; y un objeto por su materia («el futbolista golpeó el cuero»). Si un ganadero dice que tiene un rebaño de 220 cabezas, ya sabemos que estas no se hallan separadas de los cuerpos de los animalitos, sino que también cuenta en su corral con 880 patas (salvo excepción por alguna oveja coja). Pero la sinécdoque tiene límites. 

Añade:

Así, resulta curioso que las mismas personas que dicen «catalanes y catalanas», o «españoles y españolas», o «murcianos y murcianas», para que las catalanas, las españolas y las murcianas no queden fuera del discurso, acudan luego a fórmulas como «Cataluña no está de acuerdo», «España piensa tal cosa» o «Murcia prefiere», expresiones con las cuales se silencia a los ciudadanos y ciudadanas que, dentro de esos sujetos colectivos, tienen posiciones divergentes. (Incluso leemos a veces «los diputados catalanes votaron en contra», cuando lo hicieron solo los nacionalistas). «Cataluña», «España» o «Murcia» sí pueden ser sinécdoques de sus representantes («España votó a favor en la UE»), pero no siempre de sus divergentes ciudadanos. Nos preguntamos entonces si no constituirá una sinécdoque confusa la expresión «el catalán es la lengua propia de Cataluña» (o el euskera la del País Vasco, etcétera), con la que el estatuto de autonomía transfiere a la idea «Cataluña» esa capacidad de hablar un idioma que reside en los seres humanos catalanes.

Y concluye:

Razones de peso hubo, sin duda, destinadas a que la ley situase al catalán en su sitio. Pero quizás a muchos no les importaría aceptar ahora en el uso común fórmulas con las que no se pudiera deducir que una lengua es propia y otra impropia: «lengua originaria» de Cataluña, «lengua peculiar», «lengua autóctona»; incluso «lengua identitaria». Y no para retroceder en los derechos por ventura logrados, sino para recuperar el valor real de la sinécdoque.

 

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