JOAQUÍN ESTEFANÍA

«El malestar de la democracia va acompañado por la idea de que estamos siendo engañados»

"El malestar de la democracia va acompañado por la idea de que estamos siendo engañados"
Joaquín Estefanía

Este 2 febrero 2014 Joaquín Estefanía titula ‘El gran malestar‘ su columna semanal en el suplemento Domingo de El País:

En las reacciones ciudadanas ante el conflicto urbanístico de Gamonal y ante la privatización de la sanidad madrileña -ambos, dos tremendos fracasos para sus responsables, el alcalde de Burgos y el Gobierno de la Comunidad de Madrid, respectivamente- ha habido sendas percepciones que se han repetido con gran frecuencia. La primera, las de los que decían «no nos escuchan», que refleja la enorme distancia que en muchas ocasiones se está dando entre la gente y sus representantes. La segunda, la de quienes declaran que muchas de las decisiones políticas y de las normas que se adoptan están fabricadas para favorecer a «los otros», a los que se identifican con los ricos (en Burgos, aparcamientos para pudientes; en la sanidad, la salud como negocio privado).

Añade:

Este es el germen de lo que el profesor italiano Carlo Galli denomina «el malestar de la democracia» (libro del mismo título en Fondo de Cultura Económica). Ese malestar tiene dos elementos: el subjetivo, el del ciudadano, que se concreta en desafección, indiferencia cotidiana, aceptación pasiva, y el objetivo, que se concreta en la inadecuación de las instituciones para cumplir sus promesas, para estar a la altura de sus objetivos, para otorgar a todos igual libertad, iguales derechos e igual dignidad. Según Galli, no hay un rechazo «contra» la democracia, puesto que mientras que la democracia real está en crisis, la democracia como ideal es exigida en casi todas partes. Sus presupuestos lógicos y los valores que representa no son impugnados, sino que se cuestionan sus reglas y sus instituciones, y sus prestaciones son decepcionantes para un número cada vez mayor de personas.

Y concluye:

El «no nos escuchan» y el «gobiernan para los ricos» no ha llevado aún a la incertidumbre de tener que elegir entre dos opciones políticas diferentes, sino a la insatisfacción que produce la democracia al estar unida a la sospecha de que no existen alternativas mejores a la misma. Pero cuando la crisis económica pase a segundo plano, todas estas debilidades del sistema emergerán en primera instancia. El malestar de la democracia va acompañado por la idea de que estamos siendo engañados, una idea típica del siglo XX que se ha extendido al XXI.

 

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