Este lunes, 10 de febrero de 2014, Pedro G. Cuartago publica en El Mundo una columna titulada ‘Elogio de lo inútil’ en la que arranca diciendo:
Sócrates se puso a ensayar con su flauta mientras el verdugo le preparaba la cicuta. Un alumno le preguntó por qué hacía eso en sus últimos momentos y el filósofo le contestó: porque quiero morir sabiendo tocar la flauta.
Añade que:
Somos educados en la idea de que nuestra felicidad depende del dinero y de la acumulación de objetos materiales, pero pocos se dan cuenta de que el disfrute de la vida depende mucho más de los conocimientos que no tienen ninguna utilidad ni sentido práctico que de la habilidad para engrosar la cuenta corriente.
Y concluye:
Las preferentes, los bonos y las acciones pueden convertirnos en pobres de la noche a la mañana, pero la cultura siempre nos hace felices.

