La Marea de Pérez Henares

El aborto navarro

Es un verdadero axioma en los partidos políticos entender la corrupción como un pecado mortal merecedor del más atroz infierno si esta afecta a su adversario y como un pecadillo venial que se limpia con una avemaria si es de los propios. Ella es una de las causas principales por lo que los ciudadanos, con buen criterio, condenan a todos y responsable además de impedir una lucha eficaz contra un virus letal que infecta tanto a los partidos como sindicatos y patronal y de ahí para arriba y para bajo hasta el último rincón.

Lo que se percibe de manera neta y obscena es que lejos de combatirla lo que se hace con ella es utilizarla como arma contra el contrario. Tanto por los políticos como por sus voceros disfrazados de periodistas o comunicadores. Así unos disculparan la Gurtell y otros no mentaran, como si fuera la bicha mala, a los ERE, por poner el ejemplo más notorio y comprobable con solo ojear un periódico, echar un ojo o un oído a un par de tertulias o asomarse a las cada vez más sectarizadas redes sociales.

Es por ello que resulta difícil y casi un imposible metafísico llegar a un mínimo acuerdo de principio para luchar en serio y verdad contra la plaga. De poner, cuando menos, unas líneas rojas comunes y claras donde establecer el punto que de traspasarse conlleve de inmediato la separación del cargo. Fuera este el que se estipulara, la imputación en firme y como acusado ya en vista oral, o la que se estimara pertinente. Pero una común y clara.

Esto sería lo razonable y eficaz, pero quizás por ser ambas cosas será un imposible metafísico llevarlo a la practica. Se prefiere su utilización más torticera. Y a veces incluso contraproducente y emponzoñada. Como está resultando ser en el caso navarro.

No existe en el supuesto más que una condena política y previa de una comisión que tenía redactada de antemano la decisión. No existe elemento judicial algo sobre la mesa. Ni siquiera existe una primera llamada a acudir a declarar ante un juzgado. Al fiscal se ha enviado ahora y ni siquiera hay abiertas diligencias. Hay, eso si, una denuncia de un ex alto cargo que se reafirma de “malas practicas”, pero que niega que fueran corruptas y que se circunscriben a persona y ámbito de responsabilidad que concluye en la vicepresidenta. En muchos otros lugares, con ya mucha mayor carga de actuación fiscal y judicial, vicepresidencia andaluza misma, no se considera, con esa doble vara, que ni haya arañazo por ello.

Estamos pues ahora en el exceso contrario pero derivado, la utilización de una supuesta corrupción, sin el mínimo recorrido judicial, para lograr un objetivo político. Echar de Yolanda Barcina. Aunque para ello se haya de pactar, vístase la mona como se quiera, con quienes si son cómplices de la peor perversión posible: el asesinato, el secuestro y el terrorismo más brutal y despiadado. O sea, en base a una sospecha y poco más que unas todavía estimadas “malas prácticas” en las que el propio inductor, el tal Jiménez, ha caído el mismo, se va de la mano con quien si tiene en su mochila el más siniestro y terrible de los pasados y hasta de los presentes.

La situación en la que el PSN se está colocando a si mismo y esta colocando a Rubalcaba y al PSOE cuando esta ante un reto electoral donde por vez primera en muchos años tiene una posibilidad, aunque no sea la más probable, de salir airoso de las urnas, va más allá de un tiro en el pie, es una auténtica lanzada en el pecho. Lo malo es que el hecho ya consumado de haber iniciado y estar metidos de hoz y coz en el avispero donde salen ya cosidos de picotazos envenenados y donde solo ganan las avispas de Bildu les ciega cualquier salida airosa. Es una mala trocha que solo lleva a un disparate hoy y a una sima en el futuro. Los filoetarras, ya beneficiarios netos, vuelven a situar en el tapete de sus delirantes pero tercas aspiraciones de anexión de Navarra a su Euskalerria.

PD. El aborto de la operación ordenado in extremis por Ferraz, que no ha visto otra solución que tirarse en marcha, es una lógica resultante del disparate.

(Publicado hoy en los diarios del Grupo Promecal)

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Autor

Antonio Pérez Henares

Ejerce el periodismo desde los 18 años, cuando se incorporó al diario Pueblo. Ha trabajado después en publicaciones como Mundo Obrero, Tiempo, El Globo o medios radiofónicos como la cadena SER. En 1989 entró al equipo directivo del semanario Tribuna, del que fue director entre 1996 y 1999. De 2000 a 2007 coordinó las ediciones especiales del diario La Razón, de donde pasó al grupo Negocio, que dirigió hasta enero de 2012. Tras ello pasó a ocupar el puesto de director de publicaciones de PROMECAL, editora de más de una docena de periódicos autonómicos de Castilla y León y Castilla-La Mancha.

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