PEDROJOTA RAMÍREZ

«Felipe VI se convertirá en un discreto ejecutivo de traje y corbata y no podrá ser el Rey árbitro»

"Felipe VI se convertirá en un discreto ejecutivo de traje y corbata y no podrá ser el Rey árbitro"
Pedrojota Ramírez. PD

Este domingo 15 junio 2014 Pedrojota Ramírez titula  El relincho del caballo del Rey Patriota su Carta de un arponero ingenuo en El Mundo.

Si el infante don Alfonso, hijo mayor de Alfonso XIII, no hubiera nacido hemofílico; si su hermano don Jaime no hubiera nacido sordomudo; si la Ley de Sucesión de 1946 no hubiera asumido, como ya hiciera Cánovas para justificar la Restauración, «la tradición histórica» de una España considerada genéticamente como un Reino; si, puestos a saltarse el orden dinástico y en uso de las facultades discrecionales que se concedió a sí mismo, Franco no hubiera preferido a Don Juan Carlos frente a su primo Alfonso de Borbón Dampierre o frente a cualquier otro; si la Constitución de 1978 no hubiera hecho suyo ese pretendido monarquismo congénito que en definitiva soslaya la soberanía popular a la hora de establecer la forma de Estado; o si la regulación del orden sucesorio de la Monarquía reinstaurada en pleno auge del machismo tardofranquista no se hubiera saltado a su hermana Doña Elena, Felipe de Borbón y Grecia no sería proclamado el próximo jueves Rey de España.

Añade:

Felipe VI se convertirá en un discreto ejecutivo de traje y corbata. No podrá ser el Rey árbitro que manejaba las riendas del turnismo durante la Restauración –con ellas se ahorcó Alfonso XIII– y ni siquiera tendrá el ascendente sobre los poderes fácticos que permitió a su padre adquirir una legitimidad de ejercicio, compensatoria de su pecado original franquista.

Y concluye:

De ahí mi escepticismo sobre la utilidad y conveniencia de este precipitado, prematuro y mal ejecutado relevo en la Jefatura del Estado. A menos que su entronización vaya acompañada de un inusitado impulso reformista por parte del Gobierno de Rajoy, el reinado de Felipe VI pronto generará la frustración que sigue fatalmente a las ilusiones mal fundadas. Tendremos dos reyes en vez de uno, pero ni la casta política dejará de usurpar nuestros derechos civiles, ni disminuirá significativamente el paro, ni el separatismo catalán cejará en su desafío. Todas las miradas se fijarán entonces en el adulto reflexivo y prudente que ha nacido de aquel chaval que al cumplir los 15 años me enseñó su primer telescopio y me explicó que de mayor quería ser como su padre en el 23-F. Felipe VI hará entonces apelaciones a la unidad, leyendo discursos razonables en sus visitas a España y al extranjero. Pero cuando le pidan que pique espuelas para acelerar el cambio se dará cuenta de que, a falta de montura, sólo le quedará la opción de que quien relinche sea él.

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