Es urgente una reflexión en los sindicatos

A los que la palabra ‘emprendedor’ parece, todavía, provocarles erisipela

A los que la palabra 'emprendedor' parece, todavía, provocarles erisipela
Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo. EP

Los datos de creación de empleo vuelven a ser alentadores una vez más, según los datos de la encuesta de Población Activa hechos públicos este jueves.

Obviamente, aquel puesto de trabajo fijo, inmóvil, que duraba toda la vida, ya prácticamente no existe.

¿De dónde salen, entonces, esos trescientos mil parados menos este trimestre?

Quienes se niegan a ver progresos en el sistema dirán que ha sido la estacionalidad, la contratación temporal por las vacaciones, la que ha marcado este buen dato efímero. Lo cierto es que, cifras en mano, el análisis a hacer ha de ser mucho más profundo.

Porque el abaratamiento en el régimen de autónomos, las facilidades para el emprendimiento, están liderando un cambio de tendencia. Y de mentalidades, lo que es mucho más importante.

Cierto que este nuevo panorama tiene puntos muy cuestionables: la precariedad en el empleo es un lastre moral para la persona, un factor de desequilibrio para su vida privada y profesional. Pero aferrarse a esto para negar los aspectos positivos de la evolución, resulta, a mi entender, equivocado.

Y, sobre todo, inútil, porque lo cierto es que aquellos viejos, buenos tiempos no volverán. O no volverán fácilmente. Profundizar en una línea de mayor seguridad para los autónomos, que tienen que ver sus derechos equiparados con quienes habitan en el régimen general, debería ser la receta.

Es algo en lo que creo que deben meditar los sindicatos españoles, anclados muchas veces en un pasado que no se compadece ya con la realidad actual.

Claro que defiendo la necesidad de unas organizaciones de los trabajadores fuertes e influyentes.

Pero parece una evidencia que esos sindicatos que se llamaron ‘de clase’ necesitan una urgente revisión, regeneración y, casi, una refundación.

No hablo de ciertos escándalos localizados en torno a la formación o a la financiación de alguna central; eso es algo que habrán de sustanciar los propios responsables sindicales, alguno de los cuales lleva ya, acaso, demasiado tiempo en el cargo.

Hablo precisamente de mentalidades; de esa ‘revolución emprendedora’ que no ha calado en los sindicatos, a los que la palabra ‘emprendedor’ parece, todavía, provocarles erisipela.

No puede ser que los sindicatos se configuren como el estamento más anclado en lo pretérito.

Bien está, faltaría más, que defiendan el empleo, su calidad y su estabilidad: para eso están, y no es la suya pequeña tarea. Pero no pueden situarse de espaldas a unas nuevas tendencias que irrumpen en toda Europa, para no hablar ya de los Estados Unidos y de algunos países latinoamericanos que han cambiado el signo de su marcha económica; al fin y al cabo, hace menos de una década España era país inversor en América Latina, y ahora inversores de algunos países, México por ejemplo, irrumpen incluso en los más estratégicos sectores españoles.

La reacción de los sindicatos no puede seguir siendo la de referirse a estos datos del INE o de la EPA como indicadores de que la calidad del empleo desciende, como la de la patronal no puede seguir siendo la repetición monótona de la receta de que hay que abaratar salarios -ya están suficientemente baratos para una mayoría de la población- y despidos.

Hay que poner en marcha políticas activas de creación de empleo. Y bajar las cuotas de los trabajadores autónomos y seguir eliminando barreras -especialmente burocráticas- para la creación de empresas son dos pasos muy significativos que, hay que reconocerlo, ha dado el Gobierno.

Aunque de manera a mi entender incompleta, tímida y algo vacilante. Y, por cierto, apuntándose tantos -¿verdad, ministra Báñez?- que más bien corresponden al conjunto de una población que ha sabido, está sabiendo, sortear una crisis pavorosa con dignidad y espíritu de sacrificio.

Y recuerde, por cierto, este Gobierno satisfecho y escasamente autocrítico que aún quedan al menos cinco millones de parados reales y al menos otros tantos de trabajadores que son menos que mileuristas, que reclaman un lugar a este sol que parece surgir de entre la bruma.

Ojalá lo tengan presentes todas las partes cuando, la semana próxima, en la serie de importantes encuentros que se ha marcado, a marchas forzadas y para concluir el curso, el presidente Rajoy, se reúnan los líderes sindicales y patronales con el Ejecutivo: ni más ni menos, hacen falta unos nuevos pactos de La Moncloa que consoliden el cambio de tendencia y fijen los parámetros de esa ‘revolución mental’ que ha de ser más justa y más constante.

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