En los oídos de quien se va a convertir en el nuevo secretario general, Pedro Sánchez, esté zumbando la cantinela del giro a la izquierda

Fin de semana socialista y los riesgos de deslumbrarse con ‘Podemos’

Fin de semana socialista y los riesgos de deslumbrarse con 'Podemos'
Pedro Sánchez con Alfredo Pérez Rubalcaba. PS

Estamos en vísperas de un fin de semana socialista marcado por un nuevo descorche generacional en el histórico partido de Pablo Iglesias.

Hablo, por supuesto, del santo padre del PSOE, líder de aquel incipiente movimiento obrero que, junto a Jaime Vera, García Quejido y otros, luchó a finales del siglo XIX y principios del XX por un salario digno y una jornada de trabajo no superior a las ocho horas (las famosos tres ochos para el trabajo, el ocio y el descanso).

Mucho ha llovido desde entonces. Sin embargo, el líder in pectore del mismo partido se va a encontrar con una España en la que el trabajador va camino de verse obligado a elegir entre ningún trabajo o un trabajo precario y mal pagado.

Siempre habrá alguien que diga, y a ver quien se lo discute, que mejor eso que nada. Y siempre habrá trabajadores dispuestos a aceptarlo.

El riesgo es desandar el largo y duro camino recorrido desde los tiempos de fundacionales, con logros como la jornada de ocho horas, el descanso semanal, el subsidio de paro, la representación sindical, la negociación colectiva, etc.

Con ese legado histórico a la espalda de los líderes del PSOE que han sido y ante unas políticas del Gobierno que van configurando una España más competitiva desde el punto de vista económico que justa desde el punto de vista social, no me extraña que en los oídos de quien se va a convertir en el nuevo secretario general, Pedro Sánchez, esté zumbando la cantinela del giro a la izquierda como modo de recuperar la identidad de un partido comprometido desde siempre con la clase trabajadora.

No es lo que se lleva en las fuerzas socialdemócratas de los países de nuestro entorno. Hace unos días estuvo en Madrid el primer ministro de Francia, Manuel Valls, predicando el reformismo como palanca de recuperación de la izquierda, cuya asignatura pendiente es su propia reinvención.

Todo ello para mantener su compromiso no con los trabajadores sino con el «progreso» (esa es la palabra que utilizó), si de verdad quiere mantener vocación de mayoría social y, por tanto, de gobierno.

En este sentido, Pedro Sánchez todavía es un melón sin abrir. Este domingo, durante su discurso de cierre ante el congreso socialista, será más explícito sobre su hora de ruta política e ideológica, aunque ya tenemos algunas pistas.

A juzgar por las señales de sus primeros pasos, el flamante líder, que no levanta el puño y fue la opción más a la derecha de las que se ofrecieron al militante el pasado 13 de julio, muestra un enganche claro con la vocación modernizadora de su partido sin renuncia al legado de la izquierda clásica:

«Un proyecto reformista para una segunda transición económica y social que vea en la educación pública, la sanidad universal y la protección social lo que siempre ha sido: un dique contra la injusticia y el mejor pilar de la competitividad».

Así es como Sánchez se dirigió por carta a los militantes después de ser elegido. Ahora le toca pasar de las musas al teatro. A partir de este domingo a mediodía.

 

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