El recién ascendido derrota a la Real Sociedad y sueña alto

La política y un parábola futbolística: El Eibar puede

La política y un parábola futbolística: El Eibar puede
Javi Lara, tras anotar el gol que dio la victoria al Éibar. EP

La Sociedad Deportiva Eibar, el Eibar, viene a representar en la Primera División de la Liga lo que Podemos en la política española, pero no porque pretenda acabar con el bipartidismo devastador del Real Madrid y el Barcelona, que eso ya lo ha hecho el Atlético de Madrid (y no es la primera vez que lo hace, sino la décima), sino porque llega imbuido de la estimulante certidumbre del sí se puede.

El Eibar, «el conjunto armero», el equipo de la ciudad donde no se sabe donde terminan las casas y empiezan los talleres, llega por primera vez en su historia a Primera, y llega pudiendo, bien que en éste caso, de entrada, a su hermano mayor, la Real Sociedad de San Sebastián.

O todo es casualidad, o no se debe, por nada del mundo, creer en las casualidades. Como surgido de la nada, que en el fútbol son las divisiones inferiores donde habita la vida real, el fútbol real, se nos presenta el Eibar en un momento en que los poderes fácticos, los de la política y los del balompié, empiezan a purgar su avaricia, su soberbia y sus desafueros.

Casualidad o no, ese equipo representa a un pueblo que se cuenta entre los más nobles, honestos y trabajadores de Europa. Cualquier cosa han fabricado los eibarreses en los últimos siglos, no sólo armas: motos, bicicletas, máquinas de coser…

De su amor al trabajo, y del alto concepto que tienen de él y del imprescindible reconocimiento de su dignidad, nació en Eibar con el siglo pasado la conciencia política que le otorgó el honor, en la noche del 13 al 14 de abril de 1931, de ser la primera población española en proclamar la II República (10 socialistas, 8 republicanos y 1 nacionalista formaban su Ayuntamiento), y, por ello, el título de Muy Ejemplar Ciudad.

El concejal que aquella madrugada histórica izó la bandera tricolor en el balcón del Consistorio no fue otro que el abuelo de José Eulogio Gárate, el 9 más exquisito del fútbol mundial que hizo sus primeros regates y sus primeros goles en la Sociedad Deportiva Eibar, antes de marchar al Atlético de Madrid que hoy deslumbra y que durante 12 años deslumbró con él. Un trozo de historia perdida, hurtada, retorna por la vía del fútbol. Larga vida al Eibar.

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