CASIMIRO Gª-ABADILLO

¿Se imaginan una Cataluña con un 51% de los votos repartidos entre ERC y una coalición liderada por Ada Colau?

¿Se imaginan una Cataluña con un 51% de los votos repartidos entre ERC y una coalición liderada por Ada Colau?
Casimiro García-Abadillo.

Este domingo 14 septiembre 2014 Casimiro García-Abadillo titula Cataluña: lecciones de una Diada que pretendió ser histórica su Hoja de ruta del director en El Mundo.

La gran manifestación de Barcelona para celebrar la Diada del tricentenario de la derrota de las tropas austracistas a manos de las borbónicas demuestra hasta qué punto el Estado central ha dejado prácticamente de existir en Cataluña. El Estado, en Cataluña, es la Generalitat y la Generalitat, gobernada por CiU con el apoyo de ERC, ha decidido romper con España. Es decir, lo que está ocurriendo ante nuestros ojos es la constatación de la perversidad de un sistema de autonomía máxima cuando no existe un mínimo de lealtad institucional de una comunidad con el Estado y las leyes que le han proporcionado amplísimas competencias.

Añade:

En la práctica, los únicos lazos que unen a Cataluña con el resto de España, al margen de los sentimentales e históricos, son la Agencia Tributaria y la Justicia. Y aún en esas parcelas de poder, la Generalitat tiene generosas potestades tanto en la gestión de los impuestos como en la designación de jueces y fiscales. El ‘tsunami’ no se parará sólo advirtiendo a la Generalitat de que hay que cumplir la ley Lo que ha ocurrido en los últimos tiempos en Cataluña es que el independentismo, respaldado sólo por el 15% hace tan sólo seis años, ha ganado la batalla a los dos grandes partidos (PSC y CiU) que, desde posiciones ideológicas distintas, defendían una vinculación con España.

Y concluye:

¿Se imaginan una Cataluña con un 51% de los votos repartidos entre ERC y una coalición liderada por Ada Colau? Pues bien, eso es posible. Y es posible porque el Gobierno ha minusvalorado lo que estaba ocurriendo; porque los partidos mayoritarios han renunciado al debate ideológico; porque la burguesía catalana ha preferido la complacencia y porque la mayoría de los medios se ha sumado con entusiasmo a una ola que se ha convertido en tsunami. ¿Es demasiado tarde para pararlo? Es muy difícil. Cada día que pasa soy más pesimista al respecto.

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