La prudencia no parece ser la mejor virtud del inquilino del Ministerio de Justicia

A vueltas con la dimisión de Alberto Ruiz Gallardón

A vueltas con la dimisión de Alberto Ruiz Gallardón
Alberto Ruiz-Gallardón. TAREK

Creo que, cuando un ministro no logra sacar adelante sus proyectos ‘estrella’, debe dimitir. Gallardón ha protagonizado casi todas las polémicas suscitadas en materia política por el Gobierno casi desde el inicio, cuando decidió, por su cuenta y riesgo, subir de manera escandalosa las tasas judiciales.

Luego vino lo de la reforma del Poder Judicial, que hizo que togados de todas las asociaciones -y mira que es difícil ponerlas de acuerdo_ se posicionasen contra la reforma imaginada por el ministro, que hay que reconocer que no lo hizo sin buena voluntad, por cierto.

Pero la prudencia no parece ser la mejor virtud del inquilino del Ministerio de Justicia, que en ningún caso puede permitirse el lujo de tener frente a sí a jueces, fiscales, procuradores, abogados, justicieros y justiciables.

Los dos últimos episodios me parece que acabarán forzando la salida del titular de Justicia del elenco ministerial de Rajoy: uno, la reforma del aborto, en la que se embarcó parece que sin consultar con sus ‘mayores’ (Soraya Sáenz de Santamaría y Rajoy) y que ha desatado una feroz campaña contra el Ejecutivo, que se resiste a llevarla al Consejo de Ministros; dos, ese proyecto, hasta ahora concretado en unas meras declaraciones periodísticas, para dejar en solamente veintidós a los más de diecisiete mil aforados ‘directos’ que existen en España, idea loable si, como le puntualizó la vicepresidenta, al ministro se le hubiese ocurrido pensar en que precisa una reforma constitucional y en que, por ejemplo en el caso de los magistrados, el desaforamiento resultaría altamente inconveniente. Parece que tampoco esta última ‘gallardonada’ pasó por el previo ‘visto bueno’ de más altas instancias.

Hace tiempo que vengo señalando la anomalía de mantener a un ministro que lleva la polémica tras de sí. Incluso el incansable José Ignacio Wert, que revolucionó el mundo de la educación, más con sus declaraciones que con su proyecto concreto de reforma educativa -que no es malo, aunque sea mejorable–, parece haber aplazado cualquier ansia de protagonismo en aras de la paz.

Y, como dice el propio Gallardón, para justificar su permanencia, pese a todo, en el Gabinete, ahora lo importante es remar todos para solucionar el problema de Cataluña.

Lo que no sé es quién le ha dado a él remo en este entierro, porque no son soluciones jurídicas, que puede poner en marcha el fiscal general, lo que ahora es urgente; son soluciones políticas, que a él, menos mal, no le competen.

Pero, en fin; así seguimos. Apelando a la cada vez más patentemente necesaria remodelación de una parte del elenco ministerial, y con Rajoy empeñado en lograr una inscripción en el libro Guinness de los récords de permanencia de un Gobierno que tiene al menos tres ministros ‘quemados’ y churrascados…

 

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