El nacionalismo es un sentimiento ajeno a la razón

El NO de Escocia a la independencia: Vencedores y vencidos

El NO de Escocia a la independencia: Vencedores y vencidos
Los unionistas usan a la Reina en la campaña contra la independencia de Escocia. BR

Escocia seguirá siendo británica, pero tras el referéndum hay vencedores y vencidos y nada volverá a ser igual ni en la vida social escocesa ni en las relaciones entre Escocia e Inglaterra.

A pesar del triunfo del «no» a la independencia: 55,30% frente al 44,70% partidario de la secesión. Y a pesar del compromiso de Alex Salmond (el líder independentista), de no volver a exigir una consulta hasta dentro de 20 años, el resultado habla a las claras de una sociedad dividida: dos millones de partidarios de seguir en el Reino Unido frente a más de un millón seiscientos mil que querían la independencia.

Dividida como no lo estaba hasta que la semilla de la discordia -que es el germen de la ideología nacionalista- no encendió la imaginación muchos que nunca antes habían pensado en la independencia.

En la independencia como panacea para todo y con el petróleo del Mar del Norte como maná. Que haya sido un referéndum pactado y que se haya desarrollado pacíficamente no quiere decir que no haya dejado en el aire el polen de la desconfianza entre gentes que, hasta hace un par de años -salvo una minoría-, ni habían sentido la necesidad de reafirmar sus señas de identidad ni vivían de manera traumática la pertenencia a ésa unidad supranacional que durante trescientos años ha sido el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte.

Es verdad que en esa unión Inglaterra siempre fue el pariente rico, circunstancia que explica el menor desarrollo de Gales y Escocia. En Escocia acostumbran a ganar los laboristas, pero dado lo exiguo de la población (poco más de 5 millones respecto de los más de 53 que tiene Inglaterra), su peso político en el Parlamento de Londres es reducido y esa circunstancia se refleja en todos los órdenes: desde estar a la cola en materia de inversiones a la parva capacidad (hasta la fecha) de autogobierno.

David Cameron el «premier» británico -a quien no le llegaba la camisa al cuello hasta que conoció, ya de madrugada, el resultado de la votación- se ha comprometido a mejorar todas las escalas de transferencias de poder en la relación Londres-Edimburgo. Incluida la administración fiscal.

Visto lo que hemos visto, tengo para mí que para una parte de los escoceses ya nada será suficiente.

Ni aunque les dejaran administrar en exclusiva los recursos del petróleo del Mar del Norte o a los seguidores del SNP (el partido de Salmond) les dieran la satisfacción de cerrar la base de submarinos nucleares de Faslane, una de sus reclamaciones permanentes.

La crisis económica y las políticas de austeridad impuestas por el Gobierno Cameron también han generado un rechazo del que, probablemente, se han nutrido las filas de los partidarios del «sí» a la independencia.

Todo aquél que mantiene un agravio contra el Estado o contra el entorno ha encontrado un aliviadero en la consulta. Los secesionistas han vivido una aventura que se salda en frustración por el momento.

El referéndum ha tenido vencedores y vencidos, pero la Historia nos enseña que todo aquél que prueba un referéndum, repite. Ya digo, nada volverá a ser igual en el país de las «Highlands».

El nacionalismo es un sentimiento ajeno a la razón que por estar basado en la exaltación de lo propio y el denuesto o incluso el odio al vecino, solo culmina su sueño cuando consigue plantar frontera y tener rancho aparte. Tenemos ejemplos muy cerca, en nuestra propia casa.

 

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Lo más leído