Los largos años de crisis han cronificado la pobreza

Cataluña, las cifras de Cáritas y el hartazgo nacional

Cataluña, las cifras de Cáritas y el hartazgo nacional
Ricos, pobres y la actitud frente a la papelera. ET

Suspendida la convocatoria de la consulta catalana del 9 de noviembre por el Tribunal Constitucional, las aguas no han vuelto a su cauce, ni se vislumbra en el horizonte un atisbo de salida negociada a este conflicto que se ha convertido en el eje de la vida pública.

Tanto el ejecutivo de Artur Más como el de Mariano Rajoy siguen encastillados en sus posiciones de salida. Los primeros diciendo que la sentencia no pone fin a nada y los segundos apelando a la Constitución como un texto intocable que se ven obligados a respetar.

Llegados a este punto, en un sector de sociedad catalana, no independentista (que haberla, hayla) y, por supuesto, en el resto de la ciudadanía española, empieza a cundir un tremendo hartazgo ante un «conflicto» al que las partes implicadas no ponen remedio ni se anuncian salidas.

Desde hace ya muchos meses, incluso años, parece como si la sociedad no tuviera otro problema más que el susodicho «derecho a decidir».

Pero España, incluida Cataluña, como el resto de los países europeos, sigue sumida en una crisis económica que está creando las mayores desigualdades sociales, arrasando el estado del bienestar y llevando a muchas familias a traspasar el umbral de la pobreza.

A la vez que Artur Mas aseguraba que su pretensión es que el Constitucional levante de forma inmediata la suspensión de la convocatoria y Margallo le recordaba que «primero hay que retirar el órdago y luego sentarse a hablar, o sea, lo mismo de siempre, Caritas hacia público su demoledor informe en el que dejaba patente que los «procesos de empobrecimiento y de inseguridad económica en los hogares españoles han llegado a un punto de difícil retorno».

O lo que es lo mismo, que los largos años de crisis han cronificado la pobreza. Que las diferencias en el acceso a los derechos van a marcar nuestra estructura social en los próximos años. Es decir, no solo se pierde el presente sino que se pone en riesgo el futuro.

Cuenta Caritas como ha sido el hundimiento de las rentas más bajas; como no hay precedentes de un incremento tan brutal de la pobreza en tan corto espacio de tiempo. Y da cuenta, al fin, de cómo dos millones y medio de españoles no podrían sobrevivir sin la ayuda de esta organización de caridad.

Este informe describe una situación real que parece haber quedado relegada a un segundo término por las disputas territoriales.

Pero los presupuestos generales del Estado, aprobados el viernes pasado, no dan tregua al recorte en prestaciones sociales, lo que significa que estas dramáticas cifras seguirán creciendo el año próximo.

Mientras la subida de las pensiones sea un simulacro, disminuyan las partidas de ayuda al desempleo, y quede como un residuo testimonial la subvención a la dependencia, la brecha social se agrandará sin remedio.

Este tipo de noticias son las que, de verdad, reflejan la preocupación de la calle y la percepción de que el futuro no pinta tan halagüeño como nos quieren hacer creer en vísperas electorales. En estos momentos las batallas políticas solo conducen a la melancolía.

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