¿Qué tiene que ocurrir para que los responsables de todo esto sigan la senda dimisionaria de Gallardón?

Ya sé que lo mezclo todo, pero no ganamos para sobresaltos

Ya sé que lo mezclo todo, pero no ganamos para sobresaltos
Con España a cuestas PD

En este país no ganamos para sobresaltos, pero siempre de dimensiones enormes, a veces inabarcables.

En la senda de los escándalos Gürtel, por su aparatosidad, nos íbamos acostumbrando, cuando estallaba lo de Pujol y familia, luego la crisis del soberanismo catalán, la semana pasada el supergolpe de las tarjetas fantasma de Caja Madrid/Bankia… y ahora mismo el estallido del ébola en Madrid.

Ya sé que lo estoy mezclando todo, pero así se mezcla en el sentimiento colectivo, en la desesperación nacional, en la sensación de que nos pasa mucho más de lo que pensábamos.

En la sospecha de que algo terrible hemos hecho los españoles para que Dios nos castigue de este modo.

Sospecha que se confirma cuando estrechamos el círculo humano y contemplamos el panorama desde la sinvergonzonería, la aviesa avaricia o la ignorancia de los que mandan en todos los terrenos.

¿Qué hemos hecho, qué han hecho, Dios mío, para merecer esto. ¿Es que se nos acabó la felicidad aquella de los años pasados, tras la muerte del dictador y el tiempo siguiente de transiciones y nuevas vivencias nacionales?

¿Qué hemos hecho ahora para que el ébola se trasplante cerca de nosotros, cuando tal cosa, fuera de Africa, solo nos ocurre en España?

¿Qué ha fallado para que suceda esto, después de la vanagloria y la palabrería hueca y autocomplaciente del poder con el traslado a Madrid de los dos pobres misioneros que no aguantaron más que unos contados días? ¿Qué han hecho mal para que nada salga bien?

¿Qué le pasaba a la ministra Mato en esa rueda de prensa del ministerio, con ese riostro desencajado la pobre, con esa expresión de desconcierto y de susto sideral con la que nos obsequió a todos?

¿Se compadecieron los socialistas cuando nos salen con que esta no es hora de exigir dimisiones, después de que ya las habían exigido desde el resto de la izquierda? ¿Pero de que demonios hablaron Rajoy y Sánchez en esa conversación telefónica?

¿Que le pasa al nuevo líder socialista que ni siquiera sabe gobernar con altura el asunto de los implicados de su partido en el terrorífico escándalo de las tarjetas fantasma?

¿Qué tiene que ocurrir para que los responsables de todo esto sigan la senda dimisionaria de Gallardón?

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