Este 10 de octubre de 2014, escribe Emilio Campany en Libertad Digital una columna titulada ‘La que nos están preparando’ en la que arranca diciendo:
La reforma constitucional está siendo destilada en un alambique clandestino para luego embotellarla y venderla como jarabe curalotodo. En principio, parece que los únicos que quieren la reforma, sin decir en qué va a consistir, son la gente de la izquierda no nacionalista. La derecha en el Gobierno parece sólo inclinada a hablar de ello, pero siempre que sea después de que se le diga qué se quiere hacer. Y los nacionalistas afirman con vehemencia que ya nada que no sea la completa y total independencia les satisfará. Todo es una impostura.
Añade que:
Naturalmente, no se piensa tocar nada que exija la disolución de las Cámaras y el posterior referéndum, sino que la colarán de forma que baste el voto favorable de tres quintos del Senado y el Congreso. Para lo cual se empleará seguramente una disposición adicional que no derogará expresamente más artículos que los que puedan reformarse sin esos requisitos o se limitará a derogar tácitamente los que se opongan a ella.
Y concluye que:
Los demás tendríamos que conformarnos con ser humildes extranjeros de segunda en Cataluña y avergonzados españoles a este lado del Ebro. Y encima nos pedirán que les aplaudamos con las orejas por haber salvado la unidad de la patria.
