Este 10 de octubre de 2014 escribe Marcos Paradinas en El Plural una columna titulada ‘Tarjetópoli’ en la que arranca diciendo:
Recuerdo aquellas noches de jueves en Roma, en que, reunidos en torno a un batallón de Birra Moretti, nos preparábamos para ver Annozero, el magnífico debate que dirigía Michele Santoro en Rai2. Irremediablemente, muchas de esas lecciones acababan desembocando en Tangentopoli.
Tangentopoli fue el inmenso caso de corrupción que destapó una red de sobornos que funcionaba a nivel nacional. Tal era su tamaño que afectó por igual a todos los grandes partidos de la época y a importantes instituciones; desde la Democracia Cristiana, a los socialistas de Craxi, pasando por los comunistas, empresarios… Un escándalo que se llevó por delante a la primera república italiana y que provocó el ascenso de Silvio Berlusconi.
Añade:
Una sensación que se repite ahora, en España, con el caso de las tarjetas black de Caja Madrid.
Gastarse 15 millones de euros en 13 años a base de usar la tarjetita de marras en cajeros, joyerías, supermercados y restaurantes supone una habilidad sólo al alcance de esos participantes en concursos que tienen que llenar un carro de la compra en un tiempo récord.
Y concluye:
Con este panorama, es inevitable que cale el discurso contra la casta. Están «ellos», los que viven instalados en el mangoneo, y «nosotros», los que se parten el lomo para llegar a fin de mes. Porque cuando la podredumbre se extiende a diestro y siniestro, los ciudadanos no encuentran otra alternativa que dividirse entre arriba y abajo.

