Esa Europa feliz que protesta en la calle por el sacrificio preventivo de un perro

Contagio: En la calle se ha instalado un miedo irracional y en los despachos patinan

Contagio: En la calle se ha instalado un miedo irracional y en los despachos patinan
Rumor, noticia, gente y comunicación. PD

Demasiadas conjeturas y muy pocas certezas en el seguimiento de la crisis del ébola.

Si a esto le sumamos que los responsables gubernamentales de la Sanidad Pública traslada a la ciudadanía un relato inseguro, por no decir balbuciente, me parece que no es lo más acertado reclamar un gabinete de crisis presidido por Rajoy, como pide el PSOE.

Lo que se echa de menos es una voz única y creíble que sepa de lo que habla. Un médico, un científico, o un equipo colegiado que traslade el minuto y resultado sobre la evolución de las personas bajo sospecha de haber contraído el virus.

Al menos mientras el desquiciamiento del problema, en el que ha influido tanto el boca a boca como el tremendismo informativo de ciertos medios, siga cerrando el paso al sentido común, la racionalidad y la confianza en nuestro sistema sanitario.

Un sistema sanitario que ha calificado por el líder del principal partido de la oposición, Pedro Sánchez, como «uno de los mejores del mundo».

Y por ahí sí podemos topar con la buena noticia de la concertación del PSOE con el Gobierno para frenar en lo posible la alarma social. Eso incluye el desvío del protagonismo hacia los sanitarios:

«Dejen trabajar a los expertos», consigna del Gobierno que comparten de modo más o menos explícito los dirigentes socialistas.

Otra cosa es la percepción de la gente. En la calle se ha instalado un miedo irracional, a mi juicio, frente a un peligro muy remoto de contraer por contagio el virus del ébola. Descarto, claro, a las personas que trataron de cerca de los dos religiosos fallecidos en España después de haber sido repatriados.

Y aún así, es pequeña la proporción de los supuestos contagios. Son cincuenta y tantas las personas sometidas a algún tipo de vigilancia.

Ocho en régimen de aislamiento, entre las que se cuenta la única persona en la que se ha confirmado el contagio y cuyo estado parece haberse agravado en las últimas horas.

Quedamos en que el miedo es cien mil veces más contagioso que el ébola.

Si lo vemos en perspectiva europea, deberíamos decir que el miedo es quinientos millones de veces más contagioso que el ébola. Es la relación entre el número de personas contagiadas por transmisión del ébola y el censo poblacional de la UE: una entre quinientos millones. Se llama Teresa.

Sin embargo también en la prensa europea se ha reprobado a España por no haber hecho bien las cosas, al no haber evitado que el virus escapase de la habitación de un hotel madrileño para desembarcar en Europa.

Esa Europa feliz que protesta en la calle por el sacrificio preventivo de un perro pero no por las muertes en patera, las hambrunas o el reclutamiento de niños en guerras tribales.

Como diría Borges, que nos una el espanto ya que no nos une el amor. A ver si lo del ébola, que también nos ha venido de aquellas tierras pero tocante y sonante, no a través del telediario, nos hace cambiar de mentalidad.

 

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