Cayetano Gonzalez

Cataluña: ¿Y ahora qué?

En términos de opinión pública -que en una democracia es lo que al final cuenta- lo acaecido este pasado domingo en Cataluña es lo más parecido a un referéndum o a una consulta.

Se podrá objetar, con toda razón, que después de la suspensión decretada por el Tribunal Constitucional del referéndum que había convocado Artur Mas, lo que ha sucedido no tenía ninguna garantía ni legal ni democrática: no había un censo oficial, no había interventores, no había una junta electoral, teóricamente se podía votar más de una vez, etc.

Todo eso es verdad, pero en la práctica lo que ha pasado es que ha habido urnas en la calle, ha habido papeletas y más de 2.200.000 catalanes han votado, de los cuales, el 80,7% lo han hecho a favor de la independencia.

El Presidente del Gobierno no debería estar hoy ni muy tranquilo, ni muy satisfecho tras lo sucedido este domingo en Cataluña. Rajoy dijo que no habría urnas, y las ha habido; afirmó que mientras que el fuera el jefe del ejecutivo no se celebraría un referéndum pro-independentista, y se ha celebrado.

Lo de menos, reitero que a efectos de la opinión pública, es que la consulta del domingo fuera ilegal o careciera de las mínimas garantías de fiabilidad en la votación y en el recuento posterior. La imagen que se ha producido, y además es real, es que la gente que quiso votar lo pudo hacer.

En términos políticos, Mas y los partidos que han apoyado el proceso secesionista de Cataluña han salido vencedores, reforzados, mientras que el Gobierno de la Nación, su Presidente y los partidos contarios a la independencia de una parte de España están hoy, aunque no lo reconozcan, más debilitados y con una sensación de derrota, de que no se han aplicado, porque no se ha querido, todos los instrumentos que el Estado de Derecho tiene para haber evitado este desafío al ordenamiento constitucional.

Muchos se preguntan después del 9-N: ¿y ahora qué? Me temo que el Presidente del Gobierno puede caer en la tentación de buscar una salida a esta situación a través del camino que casi siempre se ha seguido con los nacionalismos desde la transición política: el camino de las concesiones, que, como el tiempo ha demostrado, no ha servido para nada, porque los nacionalismos son por pura esencia desleales a las reglas de juego que los españoles decidimos entre todos al comienzo de la citada transición.

O bien también puede suceder, que sería muy propio de Rajoy, que este opte por ganar todo el tiempo que pueda y que sea el próximo Gobierno -en el que seguramente él no será Presidente- quien tenga que lidiar con este toro y con otros que puedan venir, porque quien piense que tras lo sucedido en Cataluña, los partidos independentistas vascos, gallegos o canarios se van a quedar quietos es que es un ingenuo.

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