ESTHER ESTEBAN

«Mas cuenta sólo con una cuarta parte de los catalanes para llevar a cabo su cacareado segregacionismo»

"Mas cuenta sólo con una cuarta parte de los catalanes para llevar a cabo su cacareado segregacionismo"
Esther Esteban.

Ya ha pasado el 9-N y no ha pasado nada. Artur Mas ha querido vender como un gran éxito su ficción democrática y ahora dice que se va a poner a escribir cartas, aunque él no tiene quien le escriba. En ese pariré alternativo no hubo la más mínima garantía democrática, votaron 2,2 millones de catalanes, casi millón y medio menos que en el 2012, a pesar de que en un intento desesperado podían ir a las urnas los menores de 16 años y los inmigrantes y la realidad es que dos de cada tres convocados a las urnas de papel se quedaron en casa. La realidad es que no había censo, se repartieron a discreción los certificados de votos y la ausencia de cualquier tipo de garantías fue total. La realidad es que Artur Mas ha conseguido movilizar a los suyos y ni siquiera a todos, aunque a quien más ha favorecido de cara a unos próximos comicios son a los independentistas de pedigrí que ya se frotan las manos en torno a ERC.

La jornada tuvo su momento de chulería. «Si la fiscalía quiere conocer quien es el responsable de abrir los colegios que me mire a mi. El responsable soy yo y mi gobierno «dijo el president de la Generalitat en el momento del «subidón». Pues bien ahora lo que hay que hacer es cumplir sus deseos y que la justicia estudie si se le pueden imputar delitos graves como desobediencia a la autoridad judicial, prevaricación o malversación. ¿O es que es el único español que se sitúa por encima de la ley y se le consiente? Si todo este despropósito pasa de noche veremos quien es el guapo que, a partir de ahora, cumple la ley y no vale con decir que es la hora de la política, que también, sino de exigir el cumplimiento de la legalidad. Dicen que Mariano Rajoy se ha puesto de perfil para no dar más argumentos al victimismo nacionalista, pero son muchos quienes en su propio partido han visto en la actitud del gobierno una suerte de cobardía política que no ha estado a la altura del desafío. Es verdad que la respuesta no era fácil y haber mandado a los mossos a combatir el simulacro hubiera servido para echar gasolina al fuego, pero eso es una cosa y otra muy distinta no hacer pedagogía y no entiendo por qué nadie del Gobierno de España -salvó el ministro de Justicia- ha dado la cara para desconcierto de propios y extraños.

En cuanto a los convocantes del sucedáneo, nada más producirse la ficción han entrado en combate entre ellos. Los republicanos de ERC ya han dicho que no respaldarán una negociación con el gobierno para tratar de celebrar una consulta de autodeterminación vinculante que complemente la simulación del 9-N. Por otro lado y de forma reiterada Oriol Junqueras ha demostrado que no está dispuesta tolerar que Mas se arrogue el éxito de la consulta alternativa ni mucho menos que lo utilice para intentar agotar la legislatura entablando un nuevo tira y afloja con el Gobierno. «No podemos perder ni un segundo más. Los ciudadanos nos han pedido que tengamos el mandato democrático para constituir un nuevo estado. Ha comenzado un proceso irreversible y absolutamente imparable, estamos preparados para conseguir la independencia», dijo la número dos de ERC y similar afirmaron los del CUP que no están dispuestos a negociar ningún tipo de encaje con España.

En todo este despropósito -aunque Más lo sepa en su fuero interno y le cause desasosiego-, nadie de ese mundo irreal se ha atrevido a decir la verdad de lo ocurrido: que el president de la Generalitat cuenta sólo con una cuarta parte de los catalanes para llevar a cabo su cacareado segregacionismo. El dato esta ahí y sobre una muestra estimada de 6.222.736 votantes, el secesionismo obtiene sólo el 29,92 por ciento. Esa es la realidad. Ese es el peso real del independentismo en Cataluña y sólo desde la miopía política se puede intentar no ver lo que los catalanes han dicho, tanto los que se han prestado a la mascarada como quienes se ha negado a colaborar en ese espectáculo propio de una república bananera.

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