Francisco Muro

¡Claro que pueden!.

Quienes crean que el fenómeno Podemos se va a acabar cuando mejoren las condiciones económicas o cuando tengan que mojarse, proponer ideas concretas y presentar un programa electoral, se equivocan. Podemos puede alcanzar cuotas de poder importante sin necesidad de proponer ideas, programas o medidas reales. Le basta, al menos hasta «tocar poder», con canalizar la frustración popular y con manejar inteligentemente la demagogia más populista. ¿Quién no va a estar de acuerdo con que «los ricos» paguen impuestos «como los pagamos todos»? ¿O con rebelarse contra «quienes nos han llevado a la crisis y quieren seguir imponiéndonos que hagamos más reformas para vivir peor y garantizarse sus beneficios»? ¿Quién va a rechazar que se haga una auditoría de toda la deuda pública y se obligue a pagar la parte injusta de ella a quienes tomaron la decisión de endeudarnos? ¿Quién puede estar en contra de jubilaciones a los 60 años y de prestaciones extraordinarias para los que no tienen nada?

Que eso se pueda hacer o no, no tiene importancia. Que para hacer un gasto haya que hacer una previsión de ingresos, tampoco. Que seamos parte de la Unión Europea y que la capacidad de decisión de un Gobierno nacional esté limitada, no es importante. Que la renuncia a pagar la deuda suponga que España pierda el crédito internacional y no pueda financiarse, es un asunto menor porque millones de ciudadanos que están hartos de la política actual y de casi todos los políticos, están dispuestos a votar a quienes dicen algo diferente, con un mensaje cercano y atractivo… aunque sea imposible. El problema no es que puedan tener unos resultados importantes que les permitan gobernar o ser pieza clave de cualquier alianza. El problema es que puedan llegar a gobernarnos. Hay alguna experiencia reciente en España, por ejemplo cuando gobernó el BNGA en Galicia o Esquerra e IU con el PSC en el tripartito catalán, culpable de muchos de los males que ahora padecemos. Pero eso no lo tendrán en cuenta los votantes.

Sobre todo, si Rajoy sigue levitando; si Pedro Sánchez no acaba de despertar al estadista que España -y el PSOE- necesita; si Artur Mas está dispuesto a matar a CiU con tal de seguir su carrera hacia el abismo; si Izquierda Unida se acaba disolviendo en Podemos, Ganemos, Guanyen o lo que sea, aterrorizados por su propia ineficiencia; si los sindicatos, asustados por la irrupción de Somos-Podemos, no limpian sus casas y se dedican a lo que deben; si la Justicia no pone coto definitivo y rápido a la corrupción, porque las dilaciones interminables y todo lo anterior son el mejor terreno para el éxito próximo de Podemos.

«Todos somos responsables de la corrupción» ha dicho el reciente Premio Planeta, Jorge Zepeda. Todos también somos responsables de que Podemos pueda ser decisivo en el futuro y que la asamblea de la Facultad acabe gobernándonos. O los que hoy tienen el poder hacen algo, en serio y con consenso, para cambiar el estado de la nación, o Podemos les barrerá. A ellos y a todos.

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