JESÚS MARAÑA

«Sigue Monago la escuela de Esperanza, que se quejó de que sus ingresos no le llegaban para la calefacción»

"Sigue Monago la escuela de Esperanza, que se quejó de que sus ingresos no le llegaban para la calefacción"
Jesús Maraña

Este 17 de noviembre de 2014 escribe Jesús Maraña en Infolibre una columna titulada «Monago y la parabólica del sistema» en la que arranca diciendo:

Lo peor del caso Monago no es José Antonio Monago, sino lo que representa su forma de reaccionar tras el escándalo suscitado. Lo peor (con ser grave) no es que un senador viaje a Canarias porque le apetece a costa del contribuyente, sino que mienta con total desparpajo y demuestre un absoluto desprecio a la inteligencia de los ciudadanos y a la diferencia entre lo público y lo privado. Lo peor no es que Monago haga el ridículo al proclamar que (por no tener) no tiene antena parabólica. Lo peor es que la reacción oficial del PP y de algunos representantes de la oposición indica que sigue fallando la parabólica del sistema, que no termina de captar las señales de hartazgo de la ciudadanía.

Y añade que:

José Antonio Monago ha ofendido a los extremeños porque es obvio que no se dedicó full time como senador a defender sus intereses. Ha ofendido a los canarios al empeñarse en contar que viajaba al archipiélago para ayudar a resolver problemas de los canarios, aunque para él no existieran Gran Canaria, ni Fuerteventura, ni Hierro, ni La Gomera… sólo Tenerife. Ha ofendido a todos los españoles, al convocar una rueda de prensa para un egocéntrico y lamentable ejercicio de autocompasión fingida en el que llegó a presumir de que paga la luz, el agua y come en la barra en bares de carretera. Como si hubiera que agradecérselo. Sigue Monago la escuela de la cazatalentos Esperanza Aguirre, que ya en su día se quejó amargamente de que sus ingresos no le llegaban para pagar la calefacción del palacio en el que vive.

Y concluye que:

La opacidad que se mantiene sobre los gastos de diputados y senadores es completamente inadmisible y sólo sirve para multiplicar las sospechas sobre un mal uso del dinero público. No hacen falta grandes pactos anticorrupción ni complejísimas leyes de transparencia. Ya que sus señorías viajan a menudo al extranjero, basta con que se fijen en cómo se regula esto en otras democracias.

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