Victoria Lafora

Celebraciones.

Si no fuera por la certeza de que no son tan listos, las mentes más retorcidas podrían llegar a pensar que todo este guirigay que se ha montado en Cataluña ha sido una maquiavélica estrategia, perfectamente diseñada por ambos presidentes, con la que lograr que Artur Mas recuperase su maltrecho prestigio y ERC retrocediese hasta perder la ventaja que le otorgaban todas las encuestas. Y así, de este modo, con un President rehabilitado, darle un tiempo al tiempo y retomar la senda del reencuentro. Pero, evidentemente, no son tan listos.

Al menos no lo ha sido el presidente Rajoy que, con su obstinada y absurda política de «laissez faire, laissez passer» está convirtiendo al presidente Mas, a quien todo el mundo daba por un cadáver político, en un héroe muy vivo.

La guinda definitiva la han puesto los fiscales, a la orden del Fiscal General del Estado, a la orden del presidente del Gobierno, querellándose contra Más y parte del gobierno catalán por organizar una consulta que, como dijo Rajoy, no fue consulta porque nunca se llevó a cabo. Contradicción muy difícil de entender.

Y todo esto acontece en plena celebración de los tres años de un gobierno español que deja un balance poco halagüeño: cuatro millones y medio de parados, una sociedad fracturada gracias a la desigualdad, más del treinta por ciento de los trabajadores con un salario inferior al mínimo, una deuda pública que supera el PIB, un aumento exponencial de la pobreza, el país de Europa con más jóvenes que ni estudian ni trabajan y con un puesto, también destacado, en el podio de la precariedad laboral.

La celebración, pretendidamente eufórica, con la que el presidente Rajoy sopla las velas de este aniversario, no solo provoca descrédito en la ciudadanía, sino que produce una manifiesta indignación; una rabia que recogen con claridad las recientes encuestas sobre intención de voto.

Porque, a los paupérrimos datos de la economía real, se suman las noticias sobre corrupción con que nos desayunamos día sí y día también. Corrupción transversal que rebaja la imagen de nuestras instituciones y, sobre todo, deteriora la calidad de nuestra democracia. Una democracia a la que costó tantísimo llegar y de la que los españoles nos sentíamos tan orgullosos.

Así las cosas, parece que el PP ha tenido la ocurrencia de celebrar su segundo asalto sobre «buenas prácticas» en Barcelona; acto que el próximo día 28 irá a cerrar Rajoy. ¿Qué pretenden con ello, mostrar valentía, contentar a sus militantes catalanes, o satisfacer, tras el golpe en la mesa de la fiscalía, a sus desencantados votantes más extremos? Parece que no han tenido bastante con el fiasco del primer asalto en Cáceres donde, la celebración de sus «buenas prácticas» entre presidentes de comunidades, se vio muy empañada por el affaire Monago y sus desplazamientos.

Esta segunda conferencia se centrará en la buena práctica de la gestión municipal con los ecos de la «púnica» aún resonando.

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