La lectura en B del desafío independentista en su fase actual

Cataluña: Dos caudillos

Cataluña: Dos caudillos
Artur Mas con Oriol Junqueras. CT

El president se ofrece a encabezar la separación de Cataluña en un «referéndum con forma de elecciones» al margen de las siglas. O sea, al margen de los partidos. De ese modo los errores de Artur Mas, la corrupción de CiU y la ruina política del partido de Pujol se diluyen en una «lista de país».

Es la lectura en B del desafío independentista en su fase actual, después de sobreponerse a las acusaciones de sus socios (le reprochaban haberse rendido a Rajoy), con ese sucedáneo del derecho a decidir perpetrado el domingo 9 de noviembre.

También hay una lectura en A. Se trata de lograr que la causa de la patria nos llama totalice el pensamiento de los catalanes y quede por encima de sus respectivas ideas políticas. Eso se llama caudillaje.

Sobre todo sabiendo que el plan se forjó en la mente del president durante un fin de semana de aislamiento. Después de consultar consigo mismo nació la propuesta: «lista de país», diputados de un solo uso -constituyente- y 18 meses de plazo para negociar con Madrid y la comunidad internacional el nacimiento de un nuevo Estado.

Hasta el martes por la noche pensábamos que había nacido un caudillo en Cataluña. Pero desde entonces ya tenemos dos. A Más le ha salido un competidor en la figura de Oriol Junqueras.

Por la misma vía totalizadora del pensamiento de los catalanes, el presidente de ERC también ha lanzado su personal cuento de la lechera. Asimismo, por el artículo 33, que es el que inspira a los caudillos la historia les llama a sacrificarse por los demás en nombre de una causa superior.

En este caso, las elecciones para una Legislatura «constituyente» han de ser con siglas, con los partidos compitiendo por separado aunque compartiendo el mismo objetivo programático.

Al día siguiente de las elecciones se formaría un Gobierno de unidad, se proclamaría su independencia «a fin de poder negociar con el Gobierno central en pie de igualdad» y el Parlamento sustituiría «unas leyes por otras». Con un par.

En circunstancias normales todos estas muestras de la creativa imaginación de los dos principales dirigentes del nacionalismo deberían ser suficientes para movilizar a los catalanes no abducidos por la ensoñación independentista.

Pero las circunstancias no son normales cuando, en razón de uno a tres, la minoría arrincona a la mayoría; cuando el presidente del Gobierno de la Nación no encuentra la forma de comunicarse con esa mayoría de catalanes que no comparten la separación de España, o cuando a éstos nadie les da buenos motivos para entrar en campaña y apagarles el farol a los caudillos.

Alguien del estamento político o de la sociedad civil debería movilizar a esa mayoría silenciosa en la difusión del mensaje integrador en su versión más constructiva. Es decir, explicar lo bueno que es quedarse, seguir juntos, y no lo malo que es irse. Pero lo cierto, y esa circunstancia tampoco es normal, es que se airea mucho el argumento negativo y muy poco el positivo.

 

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