Rosa Villacastin

Urge dar visibilidad a la violencia

Las cifras son demoledoras: una de cada tres mujeres sufre el maltrato de su pareja. Un problema que se extiende a los niños y a los ancianos, los pilares más débiles de una sociedad que hasta hace bien poco miraba para otro lado, sin atreverse a denunciar un terrorismo que en la mayoría de los casos tiene lugar en los propios hogares, en el entorno de su familia y amigos. Lugares que deberían ser de salvaguardia, de refugio, y que pueden convertirse en una cárcel, en un infierno bien por celos, por inseguridades, o por ese sentido de la propiedad que siente algunos hombres por sus mujeres. De ahí la importancia de poner rostro a los maltratadores, a los asesinos, a la pobreza de las familias, tal y como advierte la Organización Mundial de la Salud en su informe sobre la violencia machista en especial, pero también sobre las repercusiones que pueden tener en el futuro de los más pequeños y de los ancianos. Victimas colaterales a los que nadie parece tener en cuenta a la hora de redactar las leyes, que en general no contemplan ningún tipo de compensación para quienes han sufrido abuso físico, psíquico o sexual.

Un drama del que al menos los poderes públicos han tomado buena nota e incluso medidas que pueden evitar que siga aumentando el número de victimas, al menos en nuestro país, y sobre el que es necesario incidir una y mil veces si es necesario para evitar ese reguero de sangre y muerte con el que nos desayunamos un día sí y otro también. Ahora bien, la pregunta que hoy nos hacemos, que me hago, es si es posible prevenir la violencia y cómo hacerlo. En primer lugar denunciando, pero también concienciando a la policía, a la Guardia Civil, a los servicios sociales, y a los jueces de lo importante que puede ser que crean a la victima o que ignoren sus relatos. Es posible que haya alguna que presente denuncias falsas por intereses económicos o por venganza, pero la mayoría, la inmensa mayoría de las mujeres que se acercan a una comisaría es porque ya no pueden más, y ven peligrar su vida.

Es fundamental también educar desde la escuela misma y en casa de que el maltrato en cualquiera de sus manifestaciones es un delito. Y que la única manera de erradicarlo es poner sobre la mesa valores que hoy están denostados como es la igualdad de género, el respeto a la libertad del individuo para elegir si quiere permanecer con esa persona o por el contrario quiere romper todo vinculo sentimental con él. Un aspecto que pocas veces se tiene en cuenta a la hora de analizar por qué se producen tantos asesinatos.

Urge desterrar de nuestro vocabulario frases tan manidas como «la mate porque era mía», «quién bien te quiere te hará llorar», etc.etc.etc. Entre otras razones porque es ahí, donde esta la raíz del problema. Nadie que te quiera te hará sufrir, todo lo contrario. Asociar el amor al sufrimiento es lo que lleva a muchas mujeres a aceptar la violencia como algo natural y a algunos hombres a ejercerla sin compasión.

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