Fernando Jauregui

Rajoy ya está en campaña electoral; Sánchez, no.

Mariano Rajoy es persona poco adicta a moverse más allá del círculo de tiza caucasiano que él mismo ha trazado en torno a sí mismo. Así que no podía esperarse mucho más de él de lo que nos ofrece esta semana, con recordatorios acerca de lo bien que va la economía española y con un cierre de filas con los suyos, en una ‘cumbre’ en La Granja, destinada a la reafirmación en los principios: mano dura frente a las pretensiones secesionistas de Artur Mas y, ya que hablamos de manos, poco de mano tendida a las ‘veleidades’ de Pedro Sánchez en lo referente a la reforma de la Constitución. Es como una vuelta -aunque nunca hubo viaje de ida_a las esencias.

He titulado este comentario diciendo que Mariano Rajoy ‘ya está en campaña electoral’. Lo cual no me parece malo: si no hubiese sido por las elecciones y sus antesalas, las campañas electorales, incluyendo las promesas incumplidas, aún estaríamos en los tiempos del derecho de pernada. Las campañas significan un retroceso para el consenso, pero la verdad es que aquí no ha habido consensos importantes más allá que a la hora, mire usted qué curioso, de defender la ‘tasa Google’, que tan malos resultados ha dado en las relaciones entre el gran buscador y nuestro país. En cambio, en las campañas se replantea todo lo que va mal, se lanzan ofertas al electorado, que luego se hacen realidad en mayor o menor grado, se producen avances en la teórica -y digo teórica: a ver cómo es la práctica- transparencia de las formaciones políticas…

Lo cierto es que la ‘lluvia fina’ que Rajoy y sus cercanos derraman cada día, hablando de lo bien que van las cosas, no acaba de calar en el cuerpo social, al menos por el momento: las alegrías en el consumo navideño no son la prueba de que el bienestar haya regresado a la generalidad de los hogares, aunque pueden ser un primer indicio. El caso es que siguen dándose a conocer encuestas que hablan de la primacía de Podemos en el ánimo de unos electores que se niegan a abrir sus corazones tanto al PP como al PSOE, aunque la verdad es que, en este último caso, los sondeos ofrecen variedad de dictámenes: unos hablan de la incidencia del ‘efecto Sánchez’ para referirse a un aumento en la intención de voto hacia el PSOE, mientras otros indican precisamente lo contrario.

Y la verdad es que el nuevo secretario general socialista, que ha impuesto un talante y un ritmo inéditos en los usos y costumbres de la política española, se ve subterráneamente ‘tiroteado’ por los ‘veteranos’, que no acaban de comulgar ni con su estilo ni con sus propuestas: me refiero, claro, a Felipe González, pero también a Alfonso Guerra, quién sabe si al mismísimo Rodríguez Zapatero, puede que incluso a gentes cercanas a José Bono, aunque el ex presidente castellano-manchego fue uno de los grandes apoyos que tuvo Sánchez inicialmente para triunfar sobre Eduardo Madina y hacerse con el liderazgo del partido fundado por Pablo Iglesias (‘el viejo’, claro). De lo que Pérez Rubalcaba haga o piense, la verdad, no sé casi nada, pero me consta que su sintonía con Sánchez es más bien escasa.

Me gustaría saber qué piensa, de verdad, Susana Díaz, que lleva unos días muy callada, preocupada quizá por el continuo aluvión de informaciones sobre pasadas trapisondas de gentes ligadas al socialismo andaluz: tengo para mí que a la presidenta de la Junta de Andalucía le vuelven a cantar las sirenas para que dé el paso de cara a las primarias para encabezar la candidatura frente a ¿Rajoy? -el presidente dice, desde luego, que pretende continuar siéndolo- en las elecciones generales. Pero lo cierto es que, mientras Rajoy y el PP, con todas sus limitaciones, trucos y claroscuros, ya se han plantado en campaña, insistiendo incluso en desvelar algo del futuro, a Sánchez, que me parece una figura estimable por muchos conceptos, le está costando que muchos de los suyos inviertan en él. Y tiene que dedicar sus principales esfuerzos más a afianzarse en el puesto que a preparar la confrontación electoral.

El caso es que, guste o no, las elecciones municipales y autonómicas se aproximan. Y el PP sigue siendo, con todo, una formidable maquinaria electoral, como de alguna manera lo está siendo ese Podemos que aún no nos desvela si concurrirá por completo, parcialmente o casi nada, a esas elecciones. De acuerdo: también el PSOE tiene una importante infraestructura ante la carrera a las urnas. Pero, hoy por hoy, los socialistas tienen que saltar la valla de sus principales primarias. Atención, porque todavía la ‘hoja de ruta’ de Susana Díaz está casi inédita. Hay que insistir en que nos aguardan semanas -y meses, desde luego- de una muy intensa actividad política en la que podrían registrarse algunas sorpresas. Quién sabe: las cocinas de los partidos no figuran en esa web de transparencia que nos han obsequiado desde Presidencia del Gobierno.

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