Antonio Casado

Susana Díaz, muy viajera.

Me parecen absurdos los rumores que tratan de colocar en el circuito la tesis de que la presidenta andaluza, Susana Díaz, se está preparando el camino hacia la Moncloa. Lo cual pasaría por echar a un lado a Pedro Sánchez, que apenas hace cinco meses se convirtió en el nuevo secretario general del PSOE con la decisiva ayuda de los socialistas andaluces pastoreados por la propia Susana Díaz.

No se entendería una nueva guerra civil en un PSOE que empieza a remontar en las encuestas, si bien todavía en forma de suave mejoría. Muy mal tendría que hacerlo Sánchez para que la actual presidenta de la Junta de Andalucía y secretaria general de la mayor organización territorial del partido se viera obligada a dar ese paso. Dicho sea por no entrar en otras consideraciones. Por ejemplo, la dudosa capacidad de seducción de Díaz al norte de Despeñaperros, la impresión de que estaría ninguneando a los ciudadanos de Andalucía. o el incierto horizonte penal que afecta a sus padrinos políticos (Chaves, Griñán).

Sin embargo, el hecho de que últimamente se esté entrevistando con tantos barones socialistas (líderes de distintas organizaciones regionales) se viene utilizando como elemento de prueba de sus aspiraciones a lo más alto de la política nacional. Sí, se ha vuelto muy viajera. Esta semana se entrevista con Patxi López (Euskadi) y García Paje (Castilla-La Mancha), la semana pasada habló con Miquel Iceta (Cataluña) y Javier Fernández (Asturias), y así sucesivamente. Lo que ocultan esos rumores, que nacen en rincones poco iluminados de la política y el periodismo, es que todos esos contactos forman parte del trabajo que Susana Díaz asumió tras el último congreso federal (finales de julio) como presidenta del Consejo Territorial. Consiste en recuperar la cohesión del PSOE a escala nacional y evitar guerras de guerrillas en la pirámide organizativa del partido.

Estos y otros retos contantes y sonantes ocupan y preocupan a la presidenta de la Junta de Andalucía, más importantes que el de jugar a la desestabilización de Sánchez. De momento, el reto de las elecciones municipales de mayo, en las que está obligada a mejorar la ruinosa cosecha de cuatro años atrás, cuando el PSOE andaluz perdió 300.000 votos y considerables parcelas de poder municipal. Los alcaldes socialistas pagaron las consecuencias de la inesperada política económica del Gobierno socialista de entonces, marcada por las medidas de austeridad anunciadas por Zapatero en aquel fatídico mayo de 2010, cuando se rompió el compromiso electoral con sus votantes.

Esa misma factura espera Susana Díaz que ahora pague el PP en los ayuntamientos andaluces, como lo espera Pedro Sánchez en los ayuntamientos del resto de España. Es una de las muchas razones que les obligan a ir de la mano. Es lógico que el nuevo secretario general del PSOE y la presidenta de la Junta gobiernen en coalición con idéntica sed de remontada en un partido histórico. Por la cuenta que les trae.

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