Julia Navarro

«Stop a Uber»

Francia junto a España es uno de los últimos países que se han plantado ante Uber. Me alegro. Sinceramente me alegro de que en nuestro país se ponga coto a las actividades de Uber, ya saben la empresa que a través del móvil pone en contacto a particulares para que ofrezcan su coche a otros particulares como medio de transporte.

Uber se presenta como un nuevo modelo de empresa participativa, es decir es la gente la que se entiende entre sí y para ahorrar utilizan recursos particulares, en este caso el coche privado, que permiten a otra persona desplazarse adonde quiere ir a un precio más barato.

La música suena bien pero la letra resulta inquietante. Para empezar pone en riesgo el puesto de trabajo del gremio de los taxistas.

Para ser taxista no solo hay que pasar un examen y comprar una licencia, que en el caso de una ciudad como Madrid cuesta entre cien y ciento cincuenta mil euros tirando por lo bajo, sino que además tienen que pagar impuestos y seguros, amen de que el Ayuntamiento ejerza el control de que los taxis cumplan con todas las normativas de seguridad para los usuarios. Es decir cuando cualquiera de nosotros nos subimos en un taxi sabemos que su conductor es un profesional, perfectamente identificado, y con un seguro pagado por si sucede cualquier accidente.

Ahora cuando nos subimos en el coche de un particular, al que no conocemos de nada y que no es un profesional. Sin duda nos cuesta más barato pero estamos poniendo nuestra seguridad en riesgo. Hace unos días en Nueva Delhi una chica fue violada por un conductor de este peculiar servicio de Uber.

A mi me parece cuando menos inquietante este modelo de negocio, de manera que me alegro de que nuestro país se sume a otros muchos que ha suspendido las actividades de Uber, y lo que me asombra es la desvergüenza de algunos de esos particulares que ofrecen sus servicios de transporte al declarar que todo va a seguir igual y que no piensan aceptar esa suspensión. Espero que a quién le corresponda haga cumplir la norma.

Pero también me sorprende que haya quienes utilizan este servicio que no tiene ninguna garantía de seguridad, y no solo eso, sino que esos usuarios sean tan insolidarios que no les importe poner en peligro el trabajo de los miles de profesionales del taxis que cumplen escrupulosamente con todas las normas de seguridad y que pagan religiosamente sus impuestos.

Una cosa es el comercio colaborativo y otra cosa es poner en manos de particulares, de los que desconocemos todo, nuestra seguridad.

Saben, pienso que no vale todo por más que algunos crean que cada uno se tiene que buscar la vida como más le convenga.

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