Rosa Villacastin

Rifirrafe en el Congreso.

Mañana empieza un nuevo día. Durante al menos tres semanas los políticos se irán a sus casas, celebraran con sus afiliados, familiares y amigos las fiestas navideñas, se vestirán de Reyes Magos, incluso a alguno es posible que le toque la lotería al más puro estilo Fabra. Pero antes nos dejaran una imagen que me gustaría borrar de mi memoria inmediata: el rifirrafe entre el Presidente del Gobierno Mariano Rajoy y el jefe de la oposición Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados. Un debate en el que no faltaron como viene siendo habitual desde que comenzó la actual legislatura, las referencias a la herencia recibida. Un estribillo que utilizan en el PP cada vez que les vienen mal dadas, en un intento desesperado por recuperar el voto perdido, el más radical y visceral, el que les tiene cautivos por no se sabe que extraña razón. Sin darse cuenta de que ese voto no es un peligro para su hegemonía política, ya que no tienen a donde ir más que a la abstención o a partidos que sobradas muestras han dado de no encandilar más que a un numero reducido de votantes. Sorprende también esa obsesión por destruir al PSOE, por marginarlo, por desprestigiarlo, política que puede arrastrarles a ellos también si los pronósticos se cumplen.

La falta de argumentos del Presidente y de sus ministros para defender las medidas emprendidas desde el inicio de la legislatura, es lo que parece que les obliga a utilizar el más cansino de todos, el más sinsentido tres años después de que Zapatero perdiera el gobierno y llegara Rajoy con una mochila llena de promesas que no ha podido o querido cumplir, y que son las que ahora le echan en cara los partidos de la oposición, pero sobre todo una parte importantísima de la ciudadanía. Esa que se declara desencantada, indignada, y dispuesta a retirarles su voto si antes no lo remedian. No por sus desprecios a Pedro Sánchez sino con medidas que puedan paliar el daño causado a una clase media, que junto con los más necesitados, es la que ha pagado una crisis de la que no es la causante.

Qué un político como Rajoy utilice frases pronunciadas por Alfredo Pérez Rubalcaba para sacar los colores a Pedro Sánchez, demuestra la escasez de miras de sus asesores más próximos. La poca estima en la que tienen a los ciudadanos que pacientemente les escuchan a través de la radio o de la televisión, a los que tratan como si fueran alumnos de primaria, gente sin criterio, sin preparación. Señal de que no pisan la calle, de que no saben o no quieren saber lo que se cuece en las asambleas de barrio, en las asociaciones, en las comunidades de vecino, en la Universidad, en los institutos, en las casas… Y que son las que demandan otro estilo para gobernar, más participativo, más sensible a los problemas de la gente, y no tan arrogante y prepotente. Una actitud que ya utilizó Felipe González cuando el aspirante era José María Aznar con el consiguiente deterioro para el entonces presidente, lo que propició en parte la llegada de este a la Moncloa. Una experiencia sobre la que deberían meditar estos días antes de que la oleada de Podemos y otros grupos se les lleve a todos por delante.

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