Fue la primera campanada que anunciaba el nacimiento de un nuevo tiempo político

La política se complace en las paradojas: El Rey y Podemos

Sánchez podría haber sido el "hombre del año", pero es opinión muy extendida que a día de hoy esa viñeta la comparten Felipe VI de Borbón y Pablo Iglesias

La política se complace en las paradojas: El Rey y Podemos
Pablo Iglesias y el Rey Felipe VI. PD

2014 lo ha cambiado todo. Ha sido un año en puertas de la tormenta perfecta

La política se complace en las paradojas. El año que dejamos atrás nos deja como novedad un nuevo rey: Felipe VI y Podemos, un nuevo partido que se reclama republicano.

Un rey joven y un partido todavía en agraz pero al que las encuestas pronostican mejores resultados electorales que a los partidos tradicionales del arco parlamentario. De don Felipe de Borbón lo sabemos todo.

Su trayectoria como Príncipe de Asturias ha sido imagen y pie de foto constante en los medios de comunicación. Era el Heredero de la Corona y, como tal, su biografía formaba parte del retablo político nacional.

En el caso de Podemos casi todo remite a su líder, Pablo Iglesias. El conocimiento de su vida universitaria y de sus andanzas políticas en mítines y manifestaciones y su paso por una televisión de barrio lo hemos ido conociendo sobre la marcha porque su salto a la fama y su popularidad respaldada por las encuestas ha dado pie a un fenómeno mediático.

Del Rey Felipe VI lo sabíamos todo y de Pablo Iglesias hasta el espectacular triunfo de su improvisado partido (Podemos) en los comicios europeos apenas sabíamos algo más que lo irónico que resultaba que un profesor de Políticas de la Complutense, llamándose Pablo Iglesias, se reclamara marxista.

2014 lo ha cambiado todo. Ha sido un año en puertas de la tormenta perfecta. La crisis económica, los cuatro millones largos de parados, los innumerables casos de corrupción que afectan a políticos y partidos y la incertidumbre introducida en el sistema por la deriva secesionista de un sector de la burguesía catalana han creado un cóctel post-gramsciano en el que lo nuevo está dejando atrás a lo viejo.

El triunfo inopinado de Podemos en las elecciones europeas fue la primera campanada que anunciaba el nacimiento de un nuevo tiempo político.

Paradójicamente viejo en su raíz ideológica pero de innegable acierto en el diagnóstico de la situación. Conectando con el cabreo de mucha gente, lo nuevo arrumbaba a lo viejo: el PP perdía pie y el PSOE no remontaba.

El análisis de la situación llevó a la abdicación del Rey Juan Carlos I. Después vino la renuncia de Rubalcaba y más tarde, con la llegada de Pedro Sánchez, el intento de renovación del Partido Socialista.

Sánchez podría haber sido el «hombre del año», pero es opinión muy extendida que a día de hoy esa viñeta la comparten Felipe VI de Borbón y Pablo Iglesias. El primero representa la continuidad de la Monarquía, el segundo lleva en su programa la República. Ironías de la política.

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