Pedro Calvo Hernando

Los tres destinos del 2015

Pues se abre el año 2015 como no sucedió con ningún otro en la accidentada vida de la democracia del 78: con el esperado desenlace de las tres grandes cuestiones que a todos nos preocupan, y que son el destino de la economía, la regeneración de la democracia (no solo en el capítulo de la corrupción) y el desafío soberanista. En lo económico, ya tenemos bastante con las prédicas fantasmales de Rajoy y sus muchachos sobre la recuperación inexistente. La economía será un desastre mientras que no se coloque en primer lugar la resurrección del casi perdido Estado de Bienestar, uno de los grandes avances del sistema del 78 y que el actual Gobierno se ha esforzado en fulminar, bajo el pretexto de que era obligado por la brutal crisis económica. Anzuelo que cada vez se tragan menos españoles, incluidos muchos de ideología conservadora.

En lo democrático, con la necesidad de un giro copernicano que borre la corrupción y ofrezca a los españoles unos cauces nuevos y limpios para tomar el protagonismo que se les ha usurpado. La irrupción de Podemos en el panorama nacional es protagónica en este apartado, como ya reconoce –aplaude o condena– la inmensa mayoría del pueblo español. Las encuestas demoscópicas no pueden ser más elocuentes, no solo en su demoledor dictamen sobre el bipartidismo, sino en el clamor por una reformulación de los cauces de representación, que han de parecerse más bien poco a los que hemos sufrido durante 37 años. La generalización del sistema de elecciones primarias (excepto en el PP) es uno de los primeros y escasos avances en ese terreno.

Y en cuanto al soberanismo, es insoslayable buscar y encontrar unas fórmulas intermedias entre el secesionismo destructivo y la recentralización suicida. Un terreno en el que se están produciendo importantes novedades en este preciso instante y también de manos de Podemos, cuyos líderes dejan bien claro que una cosa es reconocer el derecho a decidir (y parece que se refieren a un derecho de todos los españoles) y otra cosa es preconizar los independentismos, contra los cuales se sitúan los hombres de Iglesias. Esto último lo han sabido ver mejor que nadie Artur Mas e Iñigo Urkullu, que contemplan los avances de Podemos en sus respectivas comunidades autónomas como la frustración de la ruptura de la unidad territorial española. El camino sería, claro, el federalismo.

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