Este 14 de enero de 2015, escribe Carmen Rigalt en El Mundo una columna titulada ‘Cortados por el mismo patrón‘ en la que arranca diciendo:
No creo en mi religión, que es la verdadera, pero los chistes gruesos contra los curas me ponen en disposición de defenderla. Mi reacción frente a los casos de pederastia tampoco tiene desperdicio. Siento un bochorno espantoso, como si los pederastas fueran míos.
Añade que:
Las tres religiones monoteístas están cortadas por el mismo patrón y en las tres predomina la carcundia. Por mis estancias en el norte de África, tengo amigos musulmanes y a menudo me veo inmersa en discusiones tan estúpidas como las que mantengo aquí con fundamentalistas y anticlericales.
Y concluye que:
Es mejor callar ante las rarezas de las religiones ajenas. Yo incluso me callo ante las rarezas de la religión propia, como la virginidad de María o esa palomita a la que llaman Espíritu Santo.

